Winston Churchill | trayectoria política

Trayectoria política

Inicios

Churchill en Estados Unidos durante una gira de conferencias en el año 1900.

A su regreso de Sudáfrica, Churchill volvió a presentarse como candidato para Oldham en las elecciones de 1900. Fue elegido, pero en lugar de asistir a la apertura del Parlamento, se marchó de gira a través del Reino Unido y los Estados Unidos pronunciando discursos y logrando recaudar 10 000 £. Hay que tener en cuenta que los miembros del Parlamento no recibían honorario alguno y Churchill no era un hombre rico, aunque sí pertenecía a una familia influyente.[8]​ Allí conoció al presidente William McKinley y al entonces vicepresidente Theodore Roosevelt, a quien no agradó.

En febrero de 1901 Churchill regresó a Inglaterra y, una vez instalado en el Parlamento, se asoció con un grupo de disidentes del Partido Conservador liderados por Hugh Cecil. Durante la primera sesión del Parlamento, Churchill se opuso, en contra de la opinión mayoritaria dentro de su partido, al presupuesto presentado por el gobierno para el ejército, que consideraba excesivo. En 1903 sus puntos de vista comenzaron a diferir de los de lord Hugh. También se opuso al líder del partido conservador, Joseph Chamberlain, quien propuso reformas de tarifas arancelarias bastante extensas, tratando de proteger a través de estas tarifas la preeminencia de la Gran Bretaña en el mundo económico. Esto originó una profunda animadversión hacia él por parte de los miembros de su partido. En una ocasión, mientras hacía uso de la palabra, los parlamentarios conservadores se retiraron del hemiciclo. El distrito electoral de Oldham le retiró su apoyo, si bien lo siguió representando hasta la elección general de 1906.

En 1904 la insatisfacción de Churchill con los conservadores y su atracción por el Partido Liberal era tal que, después de un receso del Parlamento, cruzó la sala y se sentó en la bancada de los liberales. Como liberal siguió haciendo campaña para lograr eliminar las tarifas arancelarias y encaminar a los países occidentales hacia una política de mercado libre. Cambió su distrito electoral y se presentó por el de Manchester North West, consiguiendo la victoria en las elecciones generales de 1906.

Entre 1903 y 1905 Churchill escribió el libro Lord Randolph Churchill, la biografía de su padre. Fue publicada en 1906 y acogida como una obra maestra, a pesar de que en ella aparecían suavizadas algunas de las características menos atractivas de su padre.

Oficina Ministerial

Churchill en 1912.
Winston Churchill observando los disturbios del 11 de enero de 1911 en Sidney Street entre un grupo de anarquistas y la policía.

En diciembre de 1905, los liberales sustituyeron a los conservadores en el gobierno tras la dimisión de Balfour, siendo nombrado Henry Campbell-Bannerman primer ministro. Éste convocó elecciones inmediatamente y Churchill se presentó por Manchester con los liberales obteniendo una amplia mayoría a su favor. Fue nombrado subsecretario ministerial para las colonias, cargo que había solicitado, sirviendo bajo Victor Bruce, el 9º conde de Elgin, quien era su superior. La primera misión de Churchill fue participar en la elaboración de una constitución para los territorios de Transvaal y la Colonia del Río Orange en Sudáfrica, después de la derrota de los bóeres. También se encargó del problema de la esclavitud china en las minas de Sudáfrica. Pronto Churchill se convirtió en uno de los miembros más prominentes del gabinete y, cuando Campbell-Bannerman fue sustituido por Herbert Henry Asquith en 1908, Churchill fue nombrado presidente de la dirección de comercio. En aquella época, un nuevo ministro tenía que buscar la reelección en su distrito electoral. Churchill perdió las elecciones en Mánchester, pero pronto logró ser elegido en el distrito de Dundee.

En 1910 Churchill fue promovido a ministro de Asuntos Internos. Envió batallones de policía y les ordenó atacar a los mineros en huelga en Tonypandy, en el sur de Gales; uno de ellos resultó muerto y casi 600 huelguistas y policías resultaron heridos.[6]​ Sus actuaciones produjeron grandes polémicas. En una fotografía que se hizo famosa en aquel tiempo, Churchill aparece haciéndose cargo en enero de 1911 del llamado sitio de la calle Sidney, viendo desde una esquina la batalla que se estaba llevando a cabo entre un grupo de anarquistas que habían asaltado un edificio y la guardia escocesa. Un incendio estalló en el edificio y Churchill, en vista de la presencia de hombres armados, se negó a permitir la intervención de los bomberos, forzando a los anarquistas a elegir entre la rendición o la muerte.

En 1911 Churchill fue nombrado Primer Lord del Almirantazgo, un puesto que ocuparía durante el inicio de la Primera Guerra Mundial. Como tal, impulsó importantes reformas militares, incluyendo el desarrollo de la aviación naval, tanques y el cambio de combustible de carbón a petróleo. También llevó a cabo masivas obras de ingeniería, asegurándose los derechos sobre los campos petrolíferos de Mesopotamia en 1907, utilizando los servicios secretos británicos a través de la compañía Royal Burmah Oil.

Primera Guerra Mundial (1914-1918)

En 1915, Churchill, como Primer Lord del Almirantazgo, tuvo que enfrentarse con el caso del hundimiento del RMS Lusitania, que generó fuertes controversias. Existen documentos cuyos detalles han señalado, según ciertos historiadores, que el Primer Lord del Almirantazgo podría haber sido negligente al dejar al barco sin escolta, lo que habría propiciado el hundimiento de este navío, con el fin de hacer entrar a Estados Unidos en la guerra. Sin embargo, otros historiadores recelan de esa teoría, puesto que una entrada prematura de Estados Unidos habría privado a los británicos de los convoyes de aquel país. Estos serían suspendidos durante cierto tiempo, ya que los estadounidenses no habían desarrollado lo suficiente su industria de guerra como para poder hacer frente al mismo tiempo a las necesidades británicas y a las suyas en el año 1915.[cita requerida]

Otro caso similar ocurrió en 1939, con el hundimiento del transatlántico Athenia torpedeado por el U-30. El hundimiento del Athenia fue presentado en los medios aliados como un acto de guerra total, dirigido contra los civiles. Winston Churchill, nuevamente Primer Lord del Almirantazgo, resaltó al día siguiente que la tragedia podía tener un «efecto beneficioso en la opinión pública estadounidense», la misma opinión en que incurrió con el caso del RMS Lusitania en 1915.

El desarrollo de un tanque de batalla fue financiado con fondos originalmente dirigidos a la investigación naval, y si bien, una década después, el desarrollo del tanque fue considerado como una obra genial, en aquella época se vio como un desvío ilegal de fondos. El tanque fue utilizado en 1915 pero no en una forma eficiente, ni como lo había ideado Churchill, es decir, una flota de tanques que tomara por sorpresa a los alemanes, abriendo largas secciones de trincheras aplastando las defensas de alambre de púas.

Winston Churchill al mando del 6.º Batallón de los Fusileros Reales Escoceses en 1916.

Por otra parte, también fue uno de los dirigentes que, en contra de las opiniones del almirante John Arbuthnot Fisher, planificaron e impulsaron el desastroso desembarco de Galípoli en los Dardanelos durante la Primera Guerra Mundial, el cual le valió, no sin razón, el sobrenombre de «El carnicero de Galípoli».'

Cuando el primer ministro Asquith quiso formar un gobierno de coalición entre todos los partidos, los conservadores exigieron su degradación en el gabinete. De esta forma fue como Churchill ocupó un ministerio sin cartera como canciller del ducado de Lancaster, renunciado al gobierno posteriormente. Se reintegró al ejército, si bien seguía siendo miembro del Parlamento y sirvió varios meses en el frente occidental. En aquel entonces su segundo en el mando fue Archibald Sinclair, quien más tarde sería el líder del Partido Liberal.

Regreso al gobierno

En diciembre de 1916, Asquith renunció y fue reemplazado por Lloyd George. Sin embargo, todavía no se consideraba prudente el traer de regreso al gobierno a Churchill. En julio de 1917, Churchill fue nombrado ministro de Armamento. Al finalizar la Primera Guerra Mundial, Churchill ocupaba las carteras de ministro de Guerra y ministro del Aire (1919-1921). Durante este período trató de reducir considerablemente el presupuesto militar. Sin embargo, su principal preocupación fue la intervención de los aliados en la Guerra Civil Rusa. Churchill era fuertemente partidario de ello, indicando que la causa de los bolcheviques debía ser estrangulada en su cuna. Se aseguró el aumento y la prolongación de la participación británica en este conflicto, aun cuando existían serias divergencias en el gabinete y una mayoría opuesta en el Parlamento y en la población.

En 1920, cuando las fuerzas británicas se retiraron, Churchill se las arregló para enviar armas a los polacos cuando éstos invadieron Ucrania. En 1921 fue nombrado ministro de Colonias.

Fue uno de los responsables políticos británicos a favor de bombardear a los manifestantes irlandeses desde el aire, sugiriendo el uso de "bombas ametralladoras" para dispersarlos. Como Secretario de Estado para las Colonias, siguió adelante con esa amenaza en Irak. Ordenó el bombardeo a gran escala de Mesopotamia en 1921, con la destrucción de una aldea entera en 45 minutos. Cuando algunos funcionarios británicos objetaron su propuesta de "el uso del gas contra los nativos", encontró que sus objeciones eran "irrazonables". Fue uno de los firmantes del Tratado Anglo-Irlandés de 1921, el cual estableció el Estado Libre de Irlanda.[6]

Periodo de entreguerras

Churchill en un encuentro con mujeres trabajadoras cerca de Glasgow, en octubre de 1918.

En 1922 el Partido Liberal estaba sufriendo divisiones internas en medio de unas elecciones generales donde Churchill perdió en el distrito de Dundee. Habiendo sido operado de apendicitis recientemente, declaró que había perdido su asiento en el Parlamento, su puesto en el gobierno y su apéndice al mismo tiempo. En 1923 se volvió a presentar como candidato liberal en el distrito de Leicester, perdiendo nuevamente. Más tarde se fue acercando al Partido Conservador, si bien se autonombró «antisocialista» y «constitucionalista». En las elecciones de 1924 fue elegido en el distrito de Epping como «constitucionalista» con el apoyo del Partido Conservador. Al año siguiente formalmente se unió nuevamente a este partido, comentando que «cualquiera puede cambiar de partido, pero se necesita cierta imaginación para cambiar dos veces».

En 1924 fue nombrado ministro de Hacienda y supervisó el retorno del Reino Unido al patrón oro, lo cual originó deflación, desempleo y una huelga de mineros que degeneró en la huelga general de 1926. Sus decisiones dieron lugar a que el famoso economista John Maynard Keynes opinara que el regreso al patrón o estándar del oro llevaría al mundo a una depresión. Churchill más tarde consideró que esa había sido una de las peores decisiones que había tomado en su vida. En realidad no todo fue culpa de Churchill, considerando que él no era un economista y que actuó siguiendo el consejo del gobernador del Banco de Inglaterra, Montagu Norman, del cual Keynes opinó: «siempre tan encantador, siempre tan errado».

Neville Chamberlain hace su famoso discurso anunciando que la «Paz de este siglo», a su llegada a Londres tras su encuentro con Hitler en Múnich.

Durante la huelga general de 1926, Churchill editaba el periódico del gobierno British Gazette, y en esta disputa escribió que «o el país rompe la huelga general o la huelga general romperá al país». Es más, la polémica en torno a Churchill se agudizó cuando comentó que el régimen fascista de Benito Mussolini había «rendido un servicio al mundo, pues había enseñado cómo se combaten la fuerzas de la subversión». Consideraba que este régimen había servido como baluarte en contra de la revolución comunista.

El gobierno conservador fue derrotado en las elecciones generales de 1929. Churchill se convirtió en un disidente de su partido en relación a las tarifas de protección arancelarias y la autonomía de la India. Cuando en 1931 Ramsay MacDonald formó el gobierno nacional, Churchill no fue invitado a participar en él. En esta época atravesó el punto más bajo de su carrera, muy en especial cuando, con motivo de la polémica por la relación entre el rey Eduardo VIII y Wallis Simpson, Churchill no siguió la corriente de pedir la abdicación y les defendió a capa y espada (la consecuencia fue que por primera vez en muchos años fue abucheado en la Cámara de los Comunes), en el periodo que se conoce como los «años salvajes». Pasó la mayor parte de su tiempo escribiendo varios libros, entre ellos Marlborough: His Life and Times —una biografía de su ancestro John Churchill, el 1.er duque de Marlborough— y The History of the English Speaking People, esta última obra publicada después de la Segunda Guerra Mundial.

Pronto dirigió su atención hacia Adolf Hitler y el peligro del rearme de la Alemania nazi. Por algún tiempo fue el único que denunció dicho rearme y abogó por la necesidad de fortalecer militarmente a Gran Bretaña. Su principal preocupación fue evitar que Alemania obtuviera la superioridad en la fuerza aérea, que desgraciadamente consiguió en 1938 a pesar de las advertencias de Churchill. En aquellos años alejado de la vida partidista y debido a sus contactos con militares y cargos relevantes de la Administración, llegó a estimar que Alemania estaba gastando 1500 millones de libras al año en armamento, estimación que posteriormente se demostró muy cercana a la realidad. Churchill no pudo más que observar con desaliento y frustración cómo la política de Chamberlain estaba haciendo agotar las únicas posibilidades de evitar una guerra en Europa: frente a las pretensiones de Mussolini en Abisinia el Gobierno británico se mostró firme en advertir a Italia de sus consecuencia apoyado por la Liga de Naciones, pero a la hora de la verdad la Liga de Naciones no impuso ningún tipo de sanciones y, mucho menos, ninguna medida militar. Hitler observó el acontecimiento y Mussolini, el cual recelaba de Hitler por sus pretensiones en Austria, decidió unirse a su causa en contra de las democracias europeas. Hitler a continuación ocuparía el corredor del Rin que años antes Francia había desocupado como gesto de buena voluntad.

Ante la pasividad de Francia y el Reino Unido, Hitler lo intenta en Austria y aunque un primer intento de golpe de estado para derrotar al canciller austríaco fracasara, por fin en 1938 Hitler consigue la ocupación del país ante la incredulidad de las demás potencias. Hasta ese momento Churchill cree aún posible evitar la guerra: Hitler pone sus ojos en los Sudetes en Checoslovaquia y ante estas pretensiones Rusia propone un acuerdo a Francia y Reino Unido para unirse en contra de Hitler si lo intentara. Esta oferta es desoída por ambas potencias a pesar de las simpatías de Churchill a esta idea, pero Francia cree suficiente el acuerdo con Checoslovaquia de actuar en caso de invasión, y ni Polonia ni Rumanía estaban dispuestas a dejar pasar tropas soviéticas por sus territorios. Chamberlain, en un intento por evitar lo peor, viaja a Múnich y consigue arrancar de Hitler un acuerdo de renunciar a cualquier otra pretensión territorial en Europa a cambio de que el gobierno de Praga reconozca un régimen de autonomía para la región de los Sudetes de mayoría alemana. Chamberlain regresa a Londres exhibiendo el acuerdo y declarando que era el acuerdo de paz para una era. Fue entonces cuando Churchill reprochó a Chamberlain:

Os dieron a elegir entre el deshonor y la guerra... elegisteis el deshonor y tendréis la guerra.

You were given the choice between war and dishonour... you chose dishonour and you will have war.

Los acontecimientos se precipitaron: el presidente de Checoslovaquia entiende que Francia no acudirá en su ayuda, Polonia y Hungría presentan similares pretensiones territoriales a los alemanes en otras zonas del país. El presidente del Gobierno checoslovaco dimite y el ejército se disuelve, con sus más de treinta divisiones, que habrían contenido un ataque alemán. Rusia toma nota y no ve más salida que un acuerdo con Alemania para garantizar su integridad territorial, ante la inoperancia y falta de consideración de Francia y Reino Unido. Por si fuera poco, Hitler, lejos de renunciar a sus pretensiones territoriales no solo ocupa los Sudetes, sino que pone sus ojos en Polonia. A Chamberlain no le queda más remedio que advertir a Hitler que, si Alemania invade Polonia, el Reino Unido le declararía la guerra. Francia lo secunda. Hitler invade Polonia el 1 de septiembre de 1939 y tres días después, el 3 de septiembre de 1939, pasadas las 11 de la mañana en Londres, Neville Chamberlain anuncia oficialmente que el Reino Unido inicia hostilidades, y la II Guerra Mundial da comienzo en Europa.

Primer Ministro. La Segunda Guerra Mundial (1939-1945)

Winston Churchill haciendo su famoso gesto de la V de victoria en 1943.

Al comienzo de la Segunda Guerra Mundial, Churchill fue nombrado Primer Lord del Almirantazgo. Su principal misión es la de fortalecer las base de Scapa Flow en Escocia e impedir a Alemania que sus navíos atravesaran el Atlántico Norte para atacar a los barcos mercantes de las colonias. El siguiente episodio crítico fue el ataque de Finlandia por parte de la URSS. Los fineses resistieron el primer embate en diciembre de 1939 y Churchill consideró de vital importancia tomar los puertos del norte de Noruega para así suministrar armamento a Finlandia. Su siguiente idea fue tomar los puertos suecos desde donde salían los contingentes de hierro para Alemania. Sin embargo Hitler se anticipa y toma la iniciativa: decide invadir simultáneamente Dinamarca y Noruega, en aquel entonces neutrales, para evitar ser atacadas de inmediato. Churchill decide contraatacar y manda una flotilla a los puertos noruegos tomados por los alemanes sin éxito. El fracaso de la operación en Noruega pone en serios aprietos a Chamberlain, que tras varias sesiones de control en el Parlamento tiene que soportar duras críticas. Churchill, a pesar de los errores de Chamberlain, asume toda la responsabilidad del fracaso pero no es suficiente. Chamberlain presenta su dimisión y el rey propone a Churchill la formación del Gobierno. Forma Gobierno el 11 de mayo de 1940. Dos días después pronuncia su primer discurso como primer ministro ante la Cámara de los Comunes,[9]​ que es conocido por hacer célebre una frase que tomó de Roosevelt, al decir: «No tengo nada más que ofrecer que sangre, esfuerzo, lágrimas y sudor», en el que mencionó el inicio de la guerra en el Imperio Británico y que solo aceptaría la victoria: victoria a toda costa.

Churchill en la Conferencia de Teherán en 1943.
Churchill y el general De Gaulle en Marrakech (1944).

La siguiente crisis a la que tiene que enfrentarse es la batalla de Francia. A finales de mayo de 1940 Hitler decide atacar Holanda, Bélgica y Francia. La primera cae en días, mientras que Francia y Bélgica apenas pueden retener los ataques de los carros blindados alemanes. Por fin, el 25 de mayo de 1940 los alemanes rompen la primera línea de defensa cerca de Sedán. Churchill no parece muy preocupado, pero cuando viaja a París y se entera de que el Gabinete de la Guerra francés no tenía preparado un ejército de reserva estratégico teme lo peor. Meses antes una fuerza expedicionaria británica de unos 200 000 hombres ocupaban las defensas francesas al norte de Sedán. Los alemanes avanzan 50 millas al día y se aproximan a Arras. El Gabinete de la Guerra francés propone la idea de que los ejércitos al norte de la brecha alemana se muevan hacia el sur para encontrarse con los alemanes para retenerlos mientras que las divisiones francesas en el centro y sur del país se moverían hacia el norte para atacar a los alemanes por el flanco sur. Sin embargo las divisiones francesas ni siquiera se reorganizan. La fuerza expedicionaria británica se encuentra atrapada en el momento en que los alemanes llegan al mar tomando Boulogne. Conocedores de la prisión en la que se encuentran, comienzan a avanzar hacia el norte para derrotar a los británicos. Churchill acepta la idea de lord Gort, al mando de las fuerzas británicas, de, como último recurso, retroceder a Dunkerque y ser evacuados abandonando todo el equipo. Inmediatamente se dan órdenes de que todos los barcos disponibles en el canal viajen a Dunkerque por si fuera necesario evacuar al ejército británico. Los británicos aún confiaban en contener a los alemanes a la espera de las divisiones francesas pero todo se complica cuando, a los pocos días, los alemanes invaden por completo Bélgica y rompen el frente en Ostende. Los británicos están totalmente rodeados y no les queda más remedio que utilizar el último recurso. A pesar de la humillación los franceses rodeados en Lille atacan a los alemanes para mantenerlos ocupados e impedir que más divisiones ataquen a los ingleses. Hitler decide no mandar a las divisiones alemanas y solamente hostigar a los británicos por el aire. A pesar de que este acto fue interpretado como un intento de Hitler de forzar una posible alianza con Inglaterra, Churchill ofrece otra tesis: las divisiones alemanas habían avanzado demasiado en poco tiempo y necesitaban combustible. Además el hostigamiento aéreo se vio neutralizado porque las bombas causaban escasos daños en la playa arenosa de Dunkerque y porque la RAF comenzó a enfrentarse a los alemanes por aire en este escenario. Más de 250 000 soldados entre británicos, franceses y belgas consiguen ser evacuados en apenas 48 horas. Churchill, aliviado, ve cómo es posible recomponer al ejército británico, no solo para su defensa sino también para volver a liberar Europa.

Churchill en la Conferencia de Yalta (febrero de 1945), junto a Franklin Delano Roosevelt (centro) y Stalin.

Los discursos de Churchill fueron una fuente de inspiración para el pueblo británico. A este discurso le siguieron otros famosos antes de la batalla de Inglaterra. El discurso Lucharemos en las Playas terminaba con las siguiente cita: «Defenderemos nuestra isla, cualquiera que sea el costo; pelearemos en las playas, pelearemos en los sitios de desembarco, pelearemos en los campos y en las calles, pelearemos en las colinas: nunca nos rendiremos». Otro discurso incluía la también famosa frase: «Vamos a asumir nuestros deberes considerando que si el imperio británico y la Commonwealth duran mil años, la gente dirá: "Esta fue la hora más gloriosa del Imperio». Otra frase que se hizo famosa fue «Nunca en el campo del conflicto humano, tanta gente le debió tanto a tan pocos», refiriéndose a la frecuentemente heroica actuación de los pilotos aliados que ganaron la batalla de Inglaterra. Por último, debemos incluir entre las perlas que Churchill desgranaba en sus discursos, una referencia a sus profundas convicciones democráticas cuando, ante el Parlamento británico, pronunció la frase: «No me quitéis el referéndum, que me matáis la democracia».

Churchill logró levantar la moral del ejército y el pueblo, debido a su gran carisma y su enorme habilidad como político. Logró que los británicos lucharan sin dar «un preciado palmo de tierra»; la rendición para él era algo que nunca aceptaría pese a las derrotas sufridas en la primera fase de la guerra y los bombardeos que cayeron sobre Londres durante dos meses, cuando incluso Adolf Hitler llegó a envidiar la dureza del primer ministro y el pueblo británico.

El 24 de mayo de 1941, después del hundimiento del HMS Hood, Churchill dijo en un discurso: Hundid al Bismarck. El Bismarck era el acorazado más moderno del mundo y había logrado hundir al Hood en su primera misión después de ser terminado. Fue hundido tres días después, lo que eliminó una peligrosa amenaza para los suministros británicos.

Su excelente y sólida relación con Franklin D. Roosevelt aseguró el envío de suministros vitales desde los Estados Unidos al Reino Unido a través de las rutas marítimas del Atlántico Norte (casi 10 000 toneladas de ayuda por viaje, que algunas veces hundieron los alemanes ayudándose de la máquina Enigma). La reelección de Roosevelt fue un alivio para Churchill, dada las fuertes corrientes aislacionistas en los Estados Unidos que se oponían a su entrada en el conflicto europeo. Roosevelt, por el contrario, estaba a favor de la ayuda a Gran Bretaña. Para ello se creó la ley de Préstamo y Arriendo. Gracias a esta ley el presidente de los Estados Unidos podía autorizar la exportación de material bélico a los países que considerara que eran importantes para la defensa de Estados Unidos. El pago del material se realizaría una vez terminada la guerra. El país más beneficiado fue el Reino Unido, pero no el único. La URSS también se benefició de la ley. Roosevelt logró convencer al Congreso estadounidense de que este costoso envío de material bélico no era más que defender a los Estados Unidos. En el curso de la guerra Churchill tuvo doce reuniones con Roosevelt en las cuales discutieron la estrategia de la guerra y la Declaración de las Naciones Unidas. Churchill creó el cuerpo especial de operaciones, bajo el mando del ministro de economía de guerra Hugh Dalton, cuya finalidad era la de conducir y desarrollar operaciones subversivas en los territorios ocupados, logrando un notable éxito, así como el cuerpo de comandos que establecieron el patrón de lo que se conoce hoy en día como «Fuerzas Especiales».

Durante la guerra, Churchill, a petición del MI5, servicio de inteligencia inglés, usó dobles en sus desplazamientos. Uno de ellos murió, al ser derribado su avión por la inteligencia alemana.[cita requerida]

Los soviéticos le pusieron a Churchill el sobrenombre de «el bulldog británico». Esto en parte se debía a la voluntad de Churchill por mantener una posición firme (jamás sería derrotado) y de enfrentarse al peligro visitando los frentes de batalla, mientras que sus dos aliados, Roosevelt y Stalin, no eran dados a estas visitas. Esto significaba que Churchill se acercaba más a las fuerzas alemanas y corría el riesgo de ser asesinado. De hecho, Churchill estuvo a punto de morir, no a manos de sus enemigos, sino por problemas de salud. En diciembre de 1941 sufrió un ligero ataque cardíaco y en diciembre de 1943 cayó enfermo de neumonía.[10]

Después de la guerra, Churchill visitó Stalingrado, aún en ruinas, e hizo una observación a los soviéticos: «es increíble a lo que llegaron los alemanes». El intérprete ruso pregunto si lo decía por el grado de destrucción, a lo que Churchill respondió: «Me refiero a hasta donde llegaron en el mapa».

Winston Churchill observa a las tropas aliadas mientras cruzan el Rin el 25 de marzo de 1945.

Algunas de las decisiones de Churchill fueron controvertidas. En la hambruna en Bengala de 1943, que ocasionó la muerte de 2,5 millones de bengalíes, Churchill fue por lo menos indiferente, si no cómplice como muchos lo acusaron. Las tropas japonesas estaban amenazando a la India después de su ocupación de Birmania. Algunos opinaron que la política del gobierno británico de no ayudar a resolver, o al menos aliviar, el efecto de la hambruna, era el equivalente de una política de arrasar y quemar el territorio que se temía perder, para que los japoneses no se beneficiaran de su invasión a esta región. Churchill también respaldó el bombardeo de Dresde poco antes de finalizar la guerra, a pesar que la ciudad no tenía ningún valor estratégico militar y las víctimas principalmente fueron civiles. Churchill además tuvo relación con la Operación Antropoide destinada a desestabilizar al régimen nazi en Checoeslovaquia.

Churchill formó parte de los acuerdos de la partición de Europa y Asia al final de la guerra. Estas discusiones comenzaron ya en 1943. Las propuestas fueron aceptadas en un tratado firmado en la Conferencia de Potsdam por Harry S. Truman, Churchill y Stalin.

Un caso particular fue el trazado de las fronteras de Polonia con la Unión Soviética y Alemania, lo que se consideró como un acto de traición al gobierno polaco en el exilio. Churchill era de la opinión que la única forma de aliviar las tensiones era trasladar la población para acomodarlos a las fronteras establecidas. Como indicó en su exposición ante la Cámara de los Comunes en 1944: «El traslado de la población hacia las nuevas fronteras es el único método que tiene resultados satisfactorios y duraderos. No habrá mezcla de poblaciones que causarían problemas eternamente. Un traslado limpio debe llevarse a cabo. No me alarman estas transferencias que son posibles bajo las condiciones modernas». El traslado que se llevó a cabo, sin embargo, causó grandes penalidades y muerte entre la población transferida. Churchill se oponía a la caída de Polonia bajo la esfera de la Unión Soviética, pero como escribió amargamente en varios libros, le fue imposible impedirlo.

Posguerra

Churchill saluda a la muchedumbre desde Whitehall el día en que anunció a su país que habían ganado la guerra, el 8 de mayo de 1945.

Churchill fue considerado tras la Segunda Guerra Mundial un gigante político, pero a pesar de su popularidad no contaba con la fidelidad incondicional del electorado británico.[11]​ Aunque la importancia de Churchill durante la guerra es indiscutible, lo cierto es que también tenía bastantes enemigos en su país. Su desacuerdo con ideas como mejorar el sistema de salud y la educación pública, produjo descontento entre sectores de la población, particularmente entre aquellos que habían luchado en la guerra. Tan pronto como terminó esta, fue derrotado por Clement Attlee, candidato del Partido Laborista, en las elecciones de 1945. Algunos historiadores opinan que los británicos creían que aquel que los había guiado con éxito en la guerra, no era el mejor hombre para liderarlos en la paz. Otros piensan que fue más bien el partido Conservador y no Churchill, el que fue derrotado debido a la actuación de Chamberlain y Baldwin en los años 1930.

Churchill fue pionero al defender la idea de la unión de Europa, para así evitar futuros conflictos entre Francia y Alemania. Sin embargo, consideraba que el Reino Unido no debía ser parte de esa Europa unida, sino que su futuro estaba ligado al de los Estados Unidos.

También abogó por darle a Francia un asiento permanente en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, lo cual añadía otra poderosa nación europea a dicho consejo, para contrarrestar el poder de la Unión Soviética, que también tenía un asiento permanente.

Al principio de la Guerra Fría acuñó la frase «el telón de acero», la cual originalmente había sido mencionada por Joseph Goebbels, e incluso antes por el escritor ruso Vasili Rózanov en 1917. Esta frase entró en la conciencia de la gente después que la pronunciara en su discurso en el Westminster College en Fulton, Misuri, como huésped de Harry. S. Truman en 1946:

Desde Stettin en el Báltico hasta Trieste en el Adriático, un telón de acero ha descendido a través del continente. Detrás de esa cortina están las capitales de la Europa Central y Oriental tales como Varsovia, Berlín, Praga, Viena, Budapest, Belgrado, Bucarest y Sofía. Todas estas ciudades y las poblaciones alrededor de ellas han caído bajo la esfera de la Unión Soviética.

Segundo mandato (1951-1955)

Winston Churchill, su hijo Randolph y su nieto Winston, vestidos para la ceremonia de coronación de Isabel II en 1953.

Churchill fue elegido nuevamente primer ministro en 1951, tras la victoria del partido Conservador en las elecciones. Su tercer gobierno, tras el gobierno de unidad nacional y el breve gobierno conservador de 1945, se prolongaría hasta su dimisión en 1955. Durante este tiempo, renovó lo que él mismo denominó la «relación especial» con los Estados Unidos y trató de inmiscuirse en la formación del orden de posguerra. En las cuestiones raciales, Churchill era todavía un victoriano. Trató en vano de restringir la llegada de inmigrantes del oeste de la India. «Mantener Gran Bretaña blanca» sería un buen eslogan, dijo al gabinete en enero de 1955.[13]

Sus prioridades internas fueron, no obstante, dejadas de lado por una serie de crisis políticas en el extranjero, que eran resultado del continuo declive del poderío y prestigio militar británico. Gran defensor de Gran Bretaña como gran potencia, Churchill optó a menudo por las acciones directas. Intentando retener lo que pudiera del imperio, afirmó una vez: «No presidiré un desmembramiento».[15]

La disputa anglo-iraní

Esta crisis se inició bajo el gobierno de Clement Attlee. En marzo de 1951, el Parlamento iraní votó por nacionalizar la petrolera Anglo-Iranian Oil Company a propuesta del primer ministro Mohammad Mosaddeq, elegido en abril de 1951. La Corte Internacional de Justicia fue convocada para mediar en la disputa, pero la oferta de repartir las ganancias a medias con reconocimiento de la nacionalización no fue aceptada por Mossadeq. Las negociaciones entre el gobierno británico y el iraní cesaron y el gobierno británico comenzó a fraguar un golpe de estado. El Presidente estadounidense Harry S. Truman no estaba muy de acuerdo con dicho golpe, dedicándole mayor atención a la Guerra de Corea que se estaba llevando a cabo. Los británicos, sin embargo, procedieron con un bloqueo y un embargo que prácticamente cerraron las exportaciones de petróleo iraní.

Churchill intensificó la política de socavar al gobierno de Mosaddeq. Ambas partes lanzaban propuestas que eran rechazadas bajo la creencia que el tiempo estaba de su parte. Las negociaciones cesaron y el bloqueo económico y político comenzó a poner presión sobre Irán, produciéndose varios intentos de golpes militares por facciones probritánicas de la Asamblea Consultiva Nacional de Irán.

Churchill y su ministro de relaciones exteriores perseguían dos objetivos. Por una parte querían el desarrollo y la reforma en Irán, sin embargo, no querían perder el control sobre las ganancias derivadas del petróleo. Inicialmente respaldaron a Seyyed Ziaoddín Tabatabaí como el individuo con quién podían tratar, pero a medida que el embargo se extendía en el tiempo, los británicos se inclinaron más y más a lograr alianzas con los militares. Churchill había completado el círculo iniciado por los planes de Attlee de dar un golpe de estado, con la idea de elaborar un plan similar el mismo.

La crisis se extendió hasta 1953. Churchill, apoyado por el presidente Dwight D. Einsehower, aprobó un plan para dar un golpe de estado en Irán. El plan contaba con colocar en el poder a un contendiente de Mosaddeq llamado Fazlollah Zahedí. En el verano de 1953, las manifestaciones callejeras comenzaron a intensificarse en Irán y tras el fracaso de un plebiscito, el gobierno de Mosaddeq quedó desestabilizado. Zahedí, con ayuda de financiación extranjera, tomó el poder el 19 de agosto de 1953.

Este golpe de estado indicaba la tensión existente en los años de la postguerra: la democracias industrializadas, hambrientas por recursos para reedificar Europa tras la Segunda Guerra Mundial y con la necesidad de enfrentarse a la Unión Soviética en la Guerra Fría, lidiaron con los países emergentes, tales como Irán, en la misma forma que lo hicieron con sus antiguas colonias. La idea de una posible tercera guerra mundial contra la Unión Soviética les obligaba a perder los escrúpulos en la manipulación de la política en países emergentes. Por otra parte los gobiernos de estos países eran frecuentemente inestables y corruptos. Estos factores creaban un círculo vicioso que consistía en una intervención que llevaba a la toma de poder por un gobierno dictatorial, el cual rápidamente degeneraba en corrupción, lo cual a su vez requería nuevas intervenciones.

La rebelión del Mau Mau

En 1951, se produjo un enfrentamiento entre el gobierno británico y la Unión Africana de Kenia en relación con la distribución de la tierra en esta colonia. Cuando las demandas de la Unión no fueron aceptadas por los británicos, se produjo en 1952 la rebelión de los Mau Mau, un grupo terrorista. El 17 de agosto de 1952 se declaró el estado de emergencia y tropas británicas fueron enviadas a Kenia para acabar con la rebelión. A medida que ambos bandos intensificaron la ferocidad de sus ataques, la rebelión se convirtió en una guerra civil.

En 1953, tras las matanza de Lari perpetrada por los rebeldes Mau Mau contra los kikuyos, quienes eran leales a los británicos, la situación política en Kenia cambió en el sentido de que los británicos obtuvieron una ventaja política a los ojos del mundo, dada la crueldad demostrada por los Mau Mau en dicha masacre. La estrategia de Churchill fue la de enfrentar militarmente con mano dura la rebelión, mientras implementaba algunas de las concesiones que el gobierno de Attlee había bloqueado en 1951. Incrementó la presencia militar de los británicos nombrando al general sir George Erskine como jefe de las tropas en Kenia, quién implementó la llamada «Operación Anvil» en 1954, la cual derrotó a la rebelión en la ciudad de Nairobi. Otra operación denominada «Hammer» fue llevada a cabo para eliminar a los rebeldes en el resto del país. Churchill ordenó iniciar negociaciones de paz con políticos de Kenia, pero estas colapsaron poco después de que él se retirase del gobierno.

La emergencia de Malasia

En Malasia, la rebelión contra los británicos se venía fraguando desde 1948. Nuevamente Churchill heredó una crisis y nuevamente eligió tomar acciones militares contra los rebeldes, al mismo tiempo que trataba de lograr alianzas con sectores leales a los británicos. Inició una campaña para ganarse la buena voluntad de la población y aprobó la creación de aldeas fortificadas, una táctica militar que impondrían posteriormente las potencias occidentales en sus guerras en el Sudeste de Asia.

La emergencia de Malasia era un movimiento de guerrillas que si bien estaba centrada en un grupo étnico, había sido promovida por la Unión Soviética. Es por esto que la lucha de los británicos en este caso, tuvo mucho más respaldo que las confrontaciones de Kenia e Irán. En su punto culminante, los británicos contaban con 35 000 soldados en Malasia. La rebelión comenzó a perder fuerza y soporte de la población.

Si bien la rebelión se iba extinguiendo, era claro que el régimen colonial británico no podía mantenerse. En 1953 se hicieron planes para dar la independencia a Singapur y otras colonias en la región. Las primeras elecciones se llevaron a cabo en 1955, apenas unos días antes de la renuncia de Churchill al gobierno. En 1957, siendo primer ministro Anthony Eden, Malasia fue declarada independiente.