Protestantismo | teología
English: Protestantism

Teología

Las noventa y cinco tesis de Martín Lutero

El 31 de octubre de 1517, Martín Lutero, un fraile agustino alemán, publicó las noventa y cinco tesis, las cuales, de acuerdo con la tradición, clavó en la puerta de la Iglesia del palacio de Wittenberg, práctica común entonces. Las tesis condenaban la avaricia y el paganismo en la Iglesia católica como un abuso, y pedían una disputa teológica en lo que las indulgencias podían dar. Sin embargo, en sus tesis no cuestionaba directamente la autoridad del papa para conceder indulgencias. Lutero criticaba en particular la práctica común por aquel entonces de la venta de indulgencias, de las que la Iglesia católica de León X hizo un uso extensivo para recaudar fondos dedicados a la construcción de la Basílica de San Pedro, algo que consideraba contra las enseñanzas bíblicas, poniendo en duda la autoridad del papa y la doctrina del purgatorio. Lutero mantuvo que la salvación se garantizaba por la fe sola, expresando que las buenas obras y los sacramentos administrados por la Iglesia católica no eran necesarios para ser salvado. Lutero envió una copia de las tesis a su obispo, el cual las reenvió a Roma.[6]​ Tras ignorar inicialmente a Lutero,[7]​ el papa León X escribió una refutación académica de sus tesis. En ella mantuvo la autoridad papal sobre la Iglesia y condenó cada “desviación” como una apostasía. Lutero replicó, iniciándose una controversia que culminó con la excomunión de Lutero por el papa León X el 3 de enero de 1521 mediante la bula Decet Romanum Pontificem.

Las cinco solas

Del mismo modo que no se puede hablar de una sola iglesia protestante, tampoco se puede hablar de una sola doctrina protestante coherente y cohesionada. De hecho, la variedad doctrinal que el protestantismo ha ido adoptando a lo largo de su evolución ha sido una de las causas de su fragmentación. Aun con todo, se puede hablar de una doctrina de mínimos que con distinta intensidad sí comparten todas las iglesias herederas de la Reforma. Tradicionalmente se suele resumir esta doctrina común en las “cinco solas”, que desarrolladas comprenden el núcleo de la fe protestante:

  • La doctrina de la sola scriptura es la creencia en que toda fuente de autoridad en materia de fe debe ser extraída con exclusividad de la Palabra de Dios, la Biblia. Esta posición, común a todas las iglesias protestantes, varía en su intensidad, desde el extremo del rechazo de cualquier contenido de fe ajeno a la Biblia (protestantismo evangélico más radical) hasta la supeditación de la tradición y las costumbres a la Biblia sin que por ello sea rechazada si no se puede argumentar una incoherencia o incompatibilidad manifiesta (iglesias protestantes históricas).
  • La doctrina de la sola fide es la creencia en que sólo mediante la fe en Cristo el hombre recibe gratuitamente la salvación. Esta fe en Cristo se describe como una fe viva que implica una conversión total del hombre, es decir, una fe que produce una transformación que implica un cambio en las creencias, obras y aspiraciones del creyente.
  • La doctrina de la sola gratia es la creencia en que la salvación es recibida de parte de Dios, por el hombre, de forma gratuita, sin que este pueda merecerla o adquirirla por sus propias fuerzas. La doctrina de la gracia en el protestantismo es semejante a la doctrina agustina si bien enfatizada o según para algunos mal entendida. El protestantismo presenta al hombre condenado e incapaz de obrar en favor de su salvación por causa del pecado original. En esta situación de depravación, el hombre necesita de Dios para su salvación desde incluso el mismo momento en que se convierte, pues sin la gracia de Dios tampoco podría recibir la gracia de la fe. Dentro del protestantismo se ha entendido esta doctrina de diversas formas. Existen algunas iglesias que defienden la idea de que el hombre es totalmente incapaz incluso de aceptar la gracia o de resistirla, de modo que su libertad queda totalmente anulada y todo depende de la elección divina (calvinismo más extremo) hasta posturas muy parecidas a la doctrina católica que defienden la idea de que el hombre, aun no mereciendo ni pudiendo lograr por sus méritos la salvación, una vez capacitado por Dios puede libremente aceptarla o rechazarla.
    • Como una consecuencia de la radicalidad de la doctrina de la gracia y la fe en el protestantismo, el papel de las obras como actos que puedan merecer la salvación, la santidad o el favor de Dios es generalmente rechazado o muy atenuado como un producto secundario de la fe. Aun así, en el protestantismo se suele argumentar que una vida de fe que no produce obras es una vida de fe muerta, es decir, no es una vida de fe basándose en la cita bíblica de Santiago 2:17.
  • La doctrina de solus Christus es la creencia en que sólo hay un mediador capaz de redimir al hombre ante Dios, y que este es Cristo. Desde un punto de vista teológico, esta doctrina es compartida por todas las iglesias cristianas. No obstante, en el protestantismo adoptó una serie de implicaciones nuevas que sí lo diferencian. La implicación más importante fue el rechazo de la intercesión de la virgen María y los santos en nuestro favor desde el cielo. También se rechazó el culto y veneración de éstos y otras creencias populares que incluso la misma Iglesia católica no reconoce como correctas. Otra implicación importante fue el rechazo de lo que se percibió como una apropiación por parte del clero de ciertos medios de salvación o condonación de los pecados, como la celebración del sacramento de la penitencia y las indulgencias.
  • La doctrina de Soli Deo Gloria es la creencia en que sólo a Dios se le puede dar gloria y adoración. Asimismo es la creencia en que ángeles y toda la creación (incluidos los hombres) dan gloria a Dios y que por ello y para ello Dios los creó. En el protestantismo se incluye además el rechazo de la adoración y veneración de los santos y de cualquier ángel, hombre o cosa.

Otras doctrinas presentes en el protestantismo

Además de las “cinco solas”, el protestantismo, como la mayoría de las corrientes del cristianismo, comparte igualmente las creencias en la Trinidad, la cristología clásica o de los primeros concilios ecuménicos, la celebración de los sacramentos del bautismo y la cena del Señor (eucaristía), aunque con diferencias importantes, la creencia en el Juicio Final y la resurrección de la carne, etc. Algunas de sus iglesias se adhieren a los credos niceno-constantinopolitano y de Atanasio (Iglesia Anglicana, Iglesia Luterana, Iglesia Metodista, Iglesia Presbiteriana y calvinistas en general, etc.).

En cuanto a la eclesiología el protestantismo concibe a la Iglesia como una, santa, universal y apostólica igual que las demás iglesias cristianas. Lo peculiar de su eclesiología es que defiende la idea de una doble dimensión de la iglesia, una invisible y otra visible. Es invisible por cuanto es la reunión de todos los santos en el cuerpo místico de Cristo en todos los tiempos y lugares, la unicidad y santidad de la Iglesia está garantizada, pues, en Cristo. Es visible en la denominación o iglesia local en la que se congrega el creyente. Se acepta la existencia de distintas jurisdicciones en la iglesia y se rechaza la idea de que ésta deba estar gobernada por una sola persona o por una sola institución. El ecumenismo es percibido como la necesidad de buscar la unidad doctrinal en lo esencial y la intercomunión de todos los cristianos, pero no se acepta un ecumenismo que conduzca a la construcción de una sola iglesia gobernada por una sola institución.

Doctrinas fijadas en la dialéctica con la Iglesia católica (diferencias)

Para entender la doctrina protestante hay que tener en cuenta que en su génesis fue un movimiento de reforma de la Iglesia católica. Por este motivo, muchas de las doctrinas protestantes sólo tienen sentido y deben su existencia al catolicismo y a la necesidad o intención de corregirlo de lo que fueron percibidos como errores por los reformadores protestantes. Un ejemplo que deja clara esta génesis dialéctica de ciertas doctrinas protestantes es, por ejemplo, la negación del purgatorio. El purgatorio en el protestantismo sencillamente no tiene cabida en su teología ni en sentido alguno en sus desarrollos positivos, pero aun así es doctrina usual en confesiones y catecismos protestantes el decir: “el purgatorio no existe”. Algunas doctrinas protestantes con este origen son:

  • La negación del papado y la infalibilidad papal. Algunas iglesias protestantes sólo reconocen al papa como un obispo más (iglesias protestantes históricas) o sencillamente rechazan cualquier papel que este pueda tener en la Iglesia. Tampoco se reconoce la autoridad de los patriarcas ortodoxos como jefes de la Iglesia.
  • Excepto en el anglicanismo y el luteranismo se rechaza el episcopado y la sucesión apostólica. Se conservan el presbiterado (ancianos) y el diaconado como ministerios ordenados, aunque no por un sacramento ni en sucesión apostólica.[8]
  • Se niega que los concilios de la Iglesia o cualquier declaración de su jerarquía tenga una autoridad semejante a la de la Palabra escrita de Dios, es decir, la Biblia. El canon de la Biblia para los protestantes es de 66 libros, ya que de acuerdo a la tradición jerosolimitana únicamente se aceptan como inspirados aquellos libros que son propios de la Tanaj hebrea (Antiguo Testamento). No se tiene en cuenta, por tanto, la tradición griega (Biblia de los Setenta), que es la que utiliza la Iglesia católica. Los libros no usados por los protestantes son llamados deuterocanónicos o apócrifos.
  • Se niega cualquier papel merecedor de la salvación en las obras. Esta doctrina no es exactamente contraria a la doctrina católica, aunque sí ha sido un punto de gran controversia.
  • Excepto en el anglicanismo y el luteranismo (en parte) sólo se aceptan dos sacramentos u ordenanzas, el bautismo y la cena del Señor (eucaristía). La doctrina sacramental presenta grandes diferencias entre los protestantes. Estas van desde una concepción simbólica hasta incluso posiciones muy cercanas al catolicismo.
  • En la eucaristía se rechaza en general la transubstanciación, el sacrificio incruento de Cristo en el altar, la presencia de Cristo fuera del uso litúrgico del sacramento y las bendiciones y adoraciones con el sacramento. La presencia de Cristo se explica desde una presencia real (consubstanciación, presencia espiritual) hasta una mera presencia simbólica.
  • Algunas Iglesias (anabaptistas, bautistas, hermanos, pentecostales y otras Iglesias evangélicas) no bautizan a los recién nacidos, bautizando de nuevo a los que lo fuesen de niños. Consideran el bautismo como una decisión consciente representada mediante el bautismo de forma pública, con la que el individuo se decide a seguir las enseñanzas de Cristo. Por otro lado, las Iglesias protestantes históricas (anglicanos, luteranos, presbiterianos, metodistas, etc.) reconocen y practican el bautismo pueril ( paidobautismo), no sólo como un medio de incorporar al niño a la Iglesia, sino también como un signo de la regeneración, de la filiación y de actuación de la Gracia de Dios.[10]​ Generalmente la Iglesia católica reconoce como válido (aunque ilícito para un católico) el bautismo de las iglesias históricas de la Reforma.
  • En la mayoría de las iglesias protestantes (excepto en la anglicana, la metodista y luterana) la liturgia es concebida como innecesaria para la celebración del culto. Tan sólo se conservan aquellas que son percibidas como obligatorias en la Biblia (la fórmula bautismal, el bautismo en agua y la celebración de la Cena del Señor con pan y vino, aunque sin la necesidad de repetir las palabras que usó Cristo en la misma). El anglicanismo, el metodismo y el luteranismo, en cambio, consideran que la liturgia es parte importante del culto y establecen libros de oración y celebración; la liturgia (excepto la metodista) de estas dos iglesias es muy semejante a la liturgia católica latina.
  • Se rechaza la veneración de imágenes y reliquias.
  • No se cree en la necesidad de recurrir a la confesión auricular ni a la absolución por parte de un ministro ordenado para así recibir el perdón de los pecados. Anglicanos y luteranos aun aceptando esta falta de necesidad no han suprimido este medio aunque matizan observando que es el arrepentimiento y la confesión a Dios lo que perdona y no la absolución.
  • Se rechaza la doctrina del purgatorio y, por tanto, las oraciones por los difuntos.
  • Se rechaza la Inmaculada Concepción de María y no se da crédito a la [1];

Los textos doctrinales del protestantismo

En un principio, los protestantes expresaron sus posiciones doctrinales por medio de Confesiones de Fe, breves documentos apologéticos. En el luteranismo destaca la Confesión de Augsburgo. En el ámbito de la reforma calvinista, la Confesión Escocesa (1560), La Segunda Confesión Helvética (1531) y la Confesión de Fe de Westminster (1647). En el anglicanismo destacan Los Treinta y Nueve Artículos de Religión de la Iglesia de Inglaterra que concilian posiciones anglicanas y reformadas. Las iglesias bautistas y evangélicas también tienen sus propias declaraciones y confesiones de fe. La declaración teológica de Barmen, contra el régimen nazi, y la breve declaración de fe de la Iglesia presbiteriana en los Estados Unidos son ejemplos de declaraciones recientes.[cita requerida]

Educación en el protestantismo

La enseñanza doctrinal en el protestantismo suele realizarse en la iglesia mediante la predicación y la escuela dominical, predominando el aspecto ético y religioso.

La educación que la Reforma implantó desde sus inicios con Lutero, suponía la lectura de la Biblia, surgiendo la necesidad de enseñar a leer a todos, lo que llevó a que los reformadores se interesaran por la enseñanza popular. Cabe destacar que cada rama del protestantismo tiene características propias en cada país, además de que las doctrinas se comenzaron a impartir en lenguas vernáculas, o sea, en el idioma de cada país.

Diversos autores han destacado el importante papel que tuvo la Reforma protestante en el impulso de la educación y alfabetización pública, si este se compara con la situación en los países católicos,[11]​ surgiendo como una reacción eclesiástica, pero con un carácter religioso, alentándose con insistencia el estudio bíblico personal y colectivo, así como la participación activa de todos los miembros (laicos y ministros) en la formación para la evangelización. Generalmente es la predicación el medio más usado, aunque existen catecismos como el de Heidelberg y el Mayor en el luteranismo o el de Westminster en el presbiterianismo. Los seminarios y escuelas bíblicas son los centros de estudio teológico superior.