Coria | historia

Historia

Prehistoria y antigüedad

Inscripción romana conservada en la Puerta del Antiguo Seminario Conciliar de Coria.

No se conoce con exactitud la fecha de fundación de la ciudad de Coria, si bien, la fertilidad de las riberas del río Alagón propiciaría una muy temprana ocupación, habiéndose encontrado materiales líticos del periodo achelense antiguo, (300 000 a. C.), como el que podemos observar en las orillas del río Alagón a su paso por Rincón del Obispo, o como en datos más recientes, las piezas encontradas en 2015 en la ermita de la Virgen de Argeme. Un primer asentamiento continuado ha quedado documentado con el pueblo vetón, de estirpe celta, que sobre los siglos VIII-VI a. C. sitúa su capital en la antigua Caura.

Puerta de la Muralla de Coria, con raíces romanas, el aspecto actual procede de época musulmana medieval.

Con la conquista romana, hacia el siglo I a. C., por orden del cónsul Quinto Cecilio Metelo Pío, el asentamiento pasa a denominarse Castrum Caecilium Cauriense, antecedente de la posterior Caurium, municipio estipendiario que, en el Bajo Imperio, lograría la ciudadanía romana, encuadrado en el Conventus Emeritensis de la provincia Lusitania.

Como curiosidad, el Ala Hispanorum Vettonum que fue una unidad auxiliar del ejército imperial romano, reclutada en Hispania en la primera mitad del siglo I, ha dejado diferentes testimonios arqueológicos y epigráficos que demuestran su estancia en la conquista de las islas británicas. Concretamente podemos encontrar una tumba en el museo de la ciudad inglesa de Bath que hace referencia a un ciudadado hispano allí enterrado, de la tribu de Caurium, hoy identificada como Coria.

Caído el Imperio, alrededor del siglo V, Coria, como el resto de la península ibérica, pasaba a poder de los bárbaros, resurgiendo inmediatamente como núcleo relevante del reino hispano-visigodo de Toledo, momento en el que, si no antes, se instituía la sede episcopal cauriense, ya que en 589 firma las actas del III Concilio de Toledo Jaquintus, Episcopus cauriensis.

Edad Media

Alfonso VI tomó Coria en 1079, pero el control cristiano sobre la zona no fue demasiado firme y hacia 1110-1113 volvió a caer en poder almorávide.

Con la invasión musulmana de 711, la antigua Caurium pasa a denominarse Qūriya, siendo objeto, a lo largo de más de tres siglos de luchas entre musulmanes y cristianos.

La Crónica de Alfonso III menciona una posible toma de la ciudad por dicho monarca junto a otros lugares al sur del Sistema Central; sin embargo su motivación probablemente habría sido la de profundizar en la despoblación del territorio más que la de conquistarlo.[17]

Alfonso VII reconquistó definitivamente la ciudad en 1142.

Fue reconquistada de manera definitiva por Alfonso VII de León en 1142 tras un segundo asedio —ya había asediado previamente en 1138 la ciudad, la plaza más importante entre el Sistema Central y el Tajo[20]​ Los almohades capturaron la ciudad en 1191, pero seria recuperada definitivamente por Alfonso IX de León en 1200 ("Era MCCXXXVIII (año 1200) priso el rey don Alonso Coria").

Estando ya en poder cristiano, Al-Idrisi la describe en su Geografía destacando sus fuertes murallas y su carácter «antiguo y espacioso», además de la fertilidad del terreno, que producía uvas e higos.[21]

Aunque en un primer momento se conformó como ciudad de realengo, en la que se reinstauró la sede episcopal, las luchas nobiliarias a partir del siglo XIV, con el debilitamiento del poder real, acabaron colocando a Coria bajo el poder nobiliario, cabeza del condado del mismo nombre, en favor de la familia Solís que, a posteriori, enajenaría el título a los Álvarez de Toledo (1472), incorporándose, como marquesado, a la Casa de Alba.

Edad Moderna

Por la importancia socio-económica y el crecido número de habitantes con los que contaba Coria en el siglo XVI, lógico es que contribuyese con un crecido número de sus habitantes al proyecto conquistador y colonizador del Nuevo Mundo. Según el presbítero Vicente Navarro del Castillo, 73 naturales de Coria salían para Indias en el siglo XVI. Sin embargo, algunos más que no aparecen en las listas de la Casa de Contratación de Sevilla, y que por alguna razón de peso (sobre todo por ser forzados conversos) subrepticiamente abandonaron España en aquellas fechas.

Entre esos personajes que no aparecen en el listado oficial, tenemos a Antonio de Naveros, servidor público que se desempeñó en Venezuela como veedor y contador real y tenía a su cargo la fiscalización oficial cuando aquel territorio estaba bajo el dominio de los Welser, banqueros alemanes y prestamistas que remediaban las arcas de la Corona en tiempos de Carlos I.

Coria es la primera ciudad extremeña en la que se instala la imprenta, en 1489. En este año, el impresor Bartolomé de Lila realiza en su taller de la ciudad el primer incunable extremeño, Blasón general y nobleza en el universo, obra de Pedro de Gratia Dei. En 1536 se estableció en Guadalupe, en 1545 en Mérida y en 1623 en Trujillo.

Coria a comienzos del siglo XIX

En 1755, la ciudad sufrió las consecuencias del terremoto de Lisboa, que afectaron profundamente a la catedral, cuya bóveda mayor se derrumbó a causa del seísmo.

A través de los siglos, Coria se verá muy afectada por conflictos bélicos, como las luchas con Portugal durante el siglo XVII y la Guerra de la Independencia Española en el siglo XIX.

En el contexto de la Guerra de la Independencia, tras ser abandonada por el general Wellington, que había entrado en ella en junio de 1809, pasó a ser controlada por las tropas del ejército francés —comandadas por el mariscal Soult— el 13 de agosto, y se dio lugar al saqueo de la ciudad y su entorno por parte de las últimas.[22]​ Precisamente durante el enfrentamiento con los franceses fue asesinado el entonces obispo de Coria Juan Álvarez de Castro en la cercana localidad de Hoyos.

Edad contemporánea

Mapa de mediados del siglo XIX de Coria, por Francisco Coello.

A la caída del Antiguo Régimen, la localidad de constituye en municipio constitucional en la región de Extremadura, cabecera del partido judicial de Coria.[24]

Ya en el siglo XX, en 1957 con la reforma propiciada por el Concordato de 1953 y siendo obispo Manuel Llopis Ivorra, la Santa Sede desdobla la capitalidad de la diócesis, elevando la iglesia de Santa María de Cáceres a rango de concatedral. La diócesis pasa a llamarse entonces Diócesis de Coria-Cáceres.