Alfonso I de Aragón | matrimonio y política leonesa

Matrimonio y política leonesa

Contexto

Alfonso VI de Castilla, suegro de Alfonso de Aragón.

Tras su coronación en 1104, había surgido el problema dinástico de que el nuevo rey superaba la treintena y no estaba casado. El único miembro restante de la casa real era su hermano Ramiro, de carrera eclesiástica. Su boda, razón de estado, fue calculada considerando las diversas casas reales ibéricas con hijas casaderas. No fue el único buscando estratégicas alianzas matrimoniales: los éxitos contra los musulmanes de Alfonso VI de León habían traído un contraataque musulmán liderado por el movimiento almorávide. En 1109, sabiendo cercano su final, Alfonso VI decidió el matrimonio de su hija Urraca con el rey de Aragón, interesado en el apoyo militar que su nuevo yerno, veterano combatiente, podía proporcionarle. Alfonso VI había perdido su único heredero varón Sancho en la batalla de Uclés (1108) y se había visto incapaz de asegurar el terreno de las actuales provincias de Soria, Guadalajara y Cuenca por lo que la alianza parecía necesaria para evitar males mayores. El matrimonio se celebró en 1109, año en el que moriría el padre de Urraca, en el castillo de Monzón de Campos, con el alcaide de la fortaleza, don Pedro Ansúrez, apadrinando el enlace sin que quede del todo claro si fue antes o después de la muerte del rey Alfonso VI.

Antes de casarse, según parece, Urraca y Alfonso acordaron las capitulaciones de esponsales por el que se designaban recíprocamente en soberana potestas en las posesiones del otro. Pero se convenía que si el matrimonio tenía descendencia, este hijo pasaría a ser el heredero, lo que relegaba al primogénito del anterior matrimonio de Urraca con Raimundo de Borgoña, Alfonso Raimúndez (futuro Alfonso VII), que perdía sus derechos al trono de León. Entre los contrarios a este enlace matrimonial se destacaron los nobles gallegos, debido a la pérdida del entonces infante de cinco años Alfonso Raimúndez (futuro Alfonso VII) de los derechos al trono del reino de León y Castilla tras el pacto matrimonial firmado entre Urraca y Alfonso I de Aragón, que estipulaba que los derechos de sucesión pasarían al hijo que pudieran tener.

Otra importante facción contraria a Alfonso I de Aragón fueron los eclesiásticos franceses de origen borgoñón que se habían establecido en el camino de Santiago durante el reinado de Alfonso VI, bajo la protección del primer marido de Urraca, perteneciente a la casa de Borgoña. Los eclesiásticos eran también señores de muchos territorios, por lo que se oponían además a las políticas proburguesas del rey aragonés, que de triunfar verían considerablemente reducido su poder. Se trataba de una peligrosa oposición pues su contacto con el papa Pascual II permitiría con el tiempo que se anulara el matrimonio, que los cronistas castellanos llamaban «las malhadadas bodas» o «mal-abitas bodas» por incestuosas al ser ambos cónyuges bisnietos de Sancho Garcés III de Pamplona el Mayor.

Dinero castellano acuñado en Toledo durante el reinado de Alfonso el Batallador.

La acción política de Alfonso en los reinos de León, Castilla y Galicia fue por ello muy dificultosa. Sin embargo pudo apoyarse en la primitiva burguesía de las poblaciones a las que ofreció fueros y privilegios parecidos a los otorgados en las que repobló en Aragón. Así, Alfonso I apoyó el establecimiento de villas francas y estimuló el comercio en todo el Camino de Santiago. Estas garantías, libertades y exenciones creaban un sector social franco o libre, en detrimento de los impuestos, que eran la fuente del poder de la aristocracia feudal, lo que concitó su impopularidad entre la nobleza. Urraca se apoyó en estos últimos estamentos privilegiados cuando se desató la lucha entre facciones enfrentadas y entre partidarios de uno u otro cónyuge del matrimonio real.

Alfonso I también mantuvo su política militar de dar la tenencia de castillos y plazas fuertes a sus leales: nobles aragoneses y navarros, y veteranos compañeros de batallas y caballeros fieles de su hueste, lo que fue incrementando la enemistad que provocaba en León y Castilla. Sintiendo que perdían poder en la corte, los grandes señores de la corte leonesa comenzaron a conspirar contra el rey.

Además, el conde Gómez González, había sido antes de la muerte de Alfonso VI pretendiente a casarse con Urraca, y todo indica que mantenía relaciones amorosas con ella.[27]​ Antes de la muerte del monarca leonés, un grupo de nobles castellanos se habían reunido cerca de Toledo, en Magán, para proponer al moribundo rey a Gómez González como candidato a esposo de la futura reina aunque, sin atreverse a planteárselo formalmente al viejo monarca, consiguieron que lo hiciera el médico personal del rey, un judío llamado Cidiello. Alfonso VI recibió airado la noticia, al comprobar la oposición de una parte de la nobleza castellana a los planes que había diseñado de casar a su hija con el experimentado rey aragonés. Sin embargo, el conde Gómez González reunió partidarios y preparó un levantamiento armado contra Alfonso I.

Primera insurrección gallega

La respuesta de Alfonso, veterano guerrero curtido en muchas batallas, fue rápida y enérgica. Sabedor de la oposición que el arzobispo de Compostela, Gelmírez, y el conde de Traba, tutor del infante Alfonso Raimúndez, le deparaban, marchó con sus huestes aragonesas y pamplonesas y les infligió una dura derrota en el castillo de Monterroso (actual provincia de Lugo), en 1109. Contaba el Batallador con el apoyo en Galicia de la ciudad de Lugo, que había sido el epicentro de revueltas de la pequeña nobleza gallega y había sido entregada hace pocos años por Alfonso VI al obispo para pacificarla. También contaba con Pedro Arias, señor de Deza y archienemigo del conde de Traba.[29]

La derrota militar de los enemigos del Batallador implicaba que la oposición tuvo que reorganizarse. A lo largo de 1110 Alfonso recibió homenajes en territorio castellano y Urraca en tierras aragonesas, en cumplimiento de las capitulaciones matrimoniales. Sin embargo, la tensión militar era evidente. Urraca concedió privilegios a Diego López de Haro, señor de Vizcaya y Haro y sucesor de García Ordóñez en la estratégica tenencia de Nájera,[i]​ También se muestra cercano al partido de la reina Pedro González de Lara, conde de Lara y tenente en Medina del Campo, Palencia y numerosos otros lugares.

Algunos autores interpretan las donaciones que Alfonso I hizo en estas fechas a monasterios como Valvanera, Santo Domingo de la Calzada y San Salvador de Oña como un intento de reforzar las lealtades de estos y contrapesar al partido de Urraca.[k]

La batalla de Valtierra y la insurrección de Gómez González

Un intento musulmán de aprovechar ese mismo año la dedicación de Alfonso a la política leonesa fue desbaratado con la victoria del Batallador sobre al-Mustain I, rey de la taifa de Zaragoza. Al-Munstain había lanzado un contraataque al norte del Ebro, revirtiendo algunos de los avances en años previos de Alfonso en el eje entre Tudela y Zaragoza, pero fue rechazado al tratar de penetrar más al norte y amenazar Olite en la batalla de Valtierra de enero de 1110. La derrota llevó a la taifa a pagar parias a Urraca para prevenir más ataques de Alfonso y al descrédito de la dinastía hudí, que fue sustituida por los almorávides. Los últimos hudíes se refugiaron en la fortaleza de Rueda, que era considerada inexpugnable. Alfonso mientras dotó de fuero a Ejea en 1110 para garantizar su repoblación cristiana en la zona que había arrebatado a los musulmanes en los años previos y prevenir nuevos ataques. El fuero data de aproximadamente finales de julio, después de la retirada de Alfonso el 5 de julio de 1110 de una expedición punitiva a Zaragoza tras Valtierra, desplazándose con su ejército hasta Ejea.

Urraca I de Castilla, en una representación del siglo XII.

Entre el 1110 y 1111, el conde Gómez González, cabecilla del partido de Urraca, trató de convencer a la reina de que el príncipe Alfonso debía convertirse en el rey legítimo de Castilla como hijo biológico de la reina de León y Castilla, para que apoyase el levantamiento de la nobleza contra Alfonso. Este hecho convirtió el conflicto político en una guerra abierta entre el monarca aragonés y facciones de la nobleza leonesa, castellana y gallega. El fuerte carácter de Alfonso I y el choque con la personalidad de su mujer (las crónicas leonesas, castellanas y gallegas, siempre antialfonsíes, ponen en boca de Urraca que Alfonso «le pegó con manos y pies») llevaron al fracaso del matrimonio. Se dice que Alfonso temía que la proximidad entre el conde y su mujer fuera sinónimo de infidelidad de ella, razón por la que podría haberla repudiado. A todo esto se sumaba la iniciativa del arzobispo de Toledo Bernardo de Sedirac, también contrario al aragonés, que solicitó la nulidad al papa.

Declarada la guerra civil entre los partidarios favorables a Urraca o a Alfonso, este la declaró incapaz de gobernar e hizo que la encerraran en El Castellar, en Aragón, a consecuencia de una conspiración en la que Urraca ordenó a los tenentes de fortalezas en los reinos de León y Castilla que no obedecieran las órdenes de su marido.[j]​ La encarcelación provocó una ruptura política irreconciliable con la facción de los altos prelados Bernardo de Sedirac de Toledo y Diego Gelmírez de Compostela así como con la nobleza aristocrática acaudillada por Pedro Froilaz y Gómez González. Alfonso se vio obligado a llevar a cabo una exitosa invasión de Castilla con tropas navarras y aragonesas sin más apoyo que el del conde de Portugal. En pocas semanas sometió las ciudades de Palencia, Burgos, Osma, Sahagún, Astorga y Orense, con una rapidez que le ganó reputación de invencible entre sus enemigos. En las localidades a lo largo del camino de Santiago encontró Alfonso focos de apoyo que compartían con él un enemigo común en el alto clero castellano (véase la paralela revuelta burguesa de Sahagún contra sus abades, la coalición de dichos burgueses de Sahagún con los burgueses de Burgos y Carrión y el papel de Pedro Ansúrez, señor de Valladolid en el bando de Alfonso).

Aprovechando esta distracción y las consecuencias de Valtierra,[33]

Alfonso terminó de suprimir la revuelta castellana ese mismo año. En la batalla de Candespina del 26 de octubre de 1110, sita en el actual municipio segoviano de Fresno de Cantespino, obtuvo otra victoria. Se enfrentaron las huestes navarro-aragonesas de Alfonso y del conde Enrique de Borgoña contra las tropas fieles a Urraca y Gómez González. Las fuerzas de Alfonso se encontraban debilitadas por el abandono de la facción de Pedro Ansúrez, que se había pasado a Urraca.[n]​ La batalla fue una victoria absoluta de Alfonso, que no solo aniquiló las fuerzas enemigas sino que supuso la muerte del conde levantisco, dejando a la reina en muy mala situación y forzando la reconciliación con su marido. Diversas localidades del sur castellano cayeron entonces en manos de los partidarios de Alfonso. Para finales de año, constan documentos firmados conjuntamente por Alfonso y Urraca.

Segunda insurrección gallega

La nobleza gallega encabezada por el obispo de Santiago de Compostela Diego Gelmírez y el tutor del infante Pedro Froilaz el conde de Traba pasó a liderar la oposición a Alfonso I tras la desaparición de Candespina y el ayo del joven príncipe proclama en la catedral de Santiago a Alfonso Raimúndez, con siete años de edad, «rey de Galicia» el 17 de septiembre de 1111. Es discutido el sentido de esta proclamación, sin que pueda dilucidarse si se pretendía con ello establecer un reino independiente o no, pero lo más probable es que simplemente se tratara de otorgar la categoría de correinante a Alfonso Raimúndez con un grado igual al de su madre Urraca. La inhábil política de Gelmírez al no facilitar la sumisión de Portugal, cerró el camino para el triunfo de la revuelta, que obtuvo apoyo entre la nobleza gallega pero que también generó opositores entre los sectores partidarios de Alfonso el Batallador, como ocurrió en Lugo.[34]

La actitud de Urraca I en todo el conflicto es discutida: mientras que la Historia compostelana (que es una fuente parcial, pues se trata de una biografía dedicada a exaltar la política del obispo Gelmírez) señala que Urraca estuvo de acuerdo con la coronación de Alfonso Raimúndez (pese a que ello hubiera supuesto aceptar una corregencia dirigida por Gelmírez y sus colaboradores), existe un documento que manifiesta que el 2 de septiembre de 1111 (solo quince días antes del acto de la proclamación de su hijo como «rey de Galicia») Urraca firmaba en Burgos junto con su esposo Alfonso el Batallador una donación a favor del monasterio de Oña, y en octubre lo hacía del mismo modo en otra suscrita en Briviesca. Ambos documentos fueron redactados por el canónigo de Santiago de Compostela, cuyo cargo lo hace cercano al obispo Gelmírez, por lo que el juego de alianzas políticas dista de ser sencillo.[35]

El Batallador se dirigió contra los partidarios de Alfonso Raimúndez en Galicia, pues estaba incorporada de derecho a su reino por las capitulaciones matrimoniales, que establecían que un hijo de Alfonso y Urraca podría reinar los territorios de ambos. Los derrotó en Villadangos en octubre o noviembre de 1111[p]

Nulidad del matrimonio

Alfonso I de Aragón en el Compendio de crónicas de reyes (Biblioteca Nacional de España)

En 1112 el papa Pascual II hizo oficial la amenaza de nulidad, excomulgándolos si permanecían juntos. Alfonso, profundamente religioso, la repudió definitivamente. Pedro Froilaz y Gelmírez lanzaron mientras una campaña en 1113-1114 contra las guarniciones de Alfonso, sitiándole en Carrión y derrotando contingentes aragoneses en Atapuerca y Burgos.[33]

Alfonso pasó a ser únicamente rey de Aragón y Pamplona, a pesar de tantas luchas, y dirigió sus objetivos a la reconquista del Valle del Ebro, con la toma de Saraqusta en mente, proyecto casi abandonado durante sus cinco años de matrimonio y regencia castellana (1109 - 1114). No obstante, siguió utilizando el título de rey de Castilla y el de imperator totius Hispaniae producto de la tradición imperial de León y no renunció a los enclaves por él repoblados, fortificados y gobernados por sus tenentes en los actuales País Vasco, La Rioja, Burgos, Palencia, Soria, Segovia, Guadalajara y Toledo.

Destacan especialmente las tenencias en las manos navarroaragonesas de Íñigo Jiménez (Cameros),[45]

También abundaron las tenencias en manos navarras y aragonesas en la cuenca burgalesa del Ebro, destacando especialmente la de Tedeja/Medina de Pomar.[47]​ Por las confirmaciones de donaciones que emite, parece que también retuvo las tierras del monasterio de Oña. Más al norte, la sumisión de López de Haro y el vasallaje de la familia Vela ponían el actual País Vasco bajo Alfonso.

Asimismo, muchas localidades en el camino de Santiago, que habían apoyado a Alfonso I en el reciente conflicto, retuvieron lugartenientes y guarniciones de Alfonso incluso en enfrentamiento con facciones prourraca. Son conocidos los casos de Paredes Rubias[t]​ siguió dando ocasiones al Batallador para preservar su influencia en el reino de Castilla durante varios años más. Contaba para ello en general con las simpatías de los burgueses del camino de Santiago por su política favorable a los fueros y al comercio con los francos pero encontró un duro contrapeso en el obispo Pascual de Burgos y en su sucesor Simón, que buscaron restablecer su poder en la diócesis y la autoridad de Urraca. La propia ciudad de Burgos cambió lealtades en varias ocasiones.

Alfonso también mantuvo buenas relaciones con los territorios castellanos en la frontera con los musulmanes, constando en documentos actos regios que afectaban a poblaciones como Sepúlveda, Pedraza, Sotosalbos o Segovia incluso años después de la nulidad del matrimonio,[38]