Alfonso I de Aragón | Últimos años

Últimos años

Guerra con Alfonso VII de León y consolidación de la frontera occidental

Alfonso VII en una miniatura de la Catedral de Santiago de Compostela.

Durante todos esos años Alfonso había seguido conservando parte de su antigua influencia en el reino de Castilla, divido entre los partidarios de Urraca y de su hijo Alfonso Raimúndez. Aun así, a medida que se había ido enfocando en las conquistas a los musulmanes en el Ebro había dado ocasión a su exmujer de ir asentando su dominio (por ejemplo, expulsándole de Toledo en 1118, Burgos en 1120 y probablemente Segovia tras 1123).[112]​ El 8 de marzo de 1126 murió Urraca I de León, dejando a su hijo de entonces 21 años como único heredero de las coronas conjuntas de León y de Castilla como Alfonso VII y al fin libre para actuar.

Las tensiones entre ambos Alfonsos, heredadas de las antiguas guerras civiles, se liberaron con el intento del rey leonés de recuperar las villas que el aragonés tenía desde su victoria en Candespina. Contaba también Alfonso VII con el apoyo de Lope Díaz de Haro, hijo de Diego López de Haro que aspiraba a recuperar las tierras de su padre. El Batallador perdió algunas de sus posiciones avanzadas en el interior de Castilla como Frías, Briviesca, Villafranca de Montes de Oca, Burgos, Santiuste, Sigüenza[aw]​ Así, por ejemplo en 1130 aparece Alfonso como reinante en «Ribagorza, Aragón, Pamplona y en Arán».

Sin embargo, poblaciones de Burgos, La Rioja, Vizcaya y Álava como la margen izquierda del río Bayas, Pancorbo, Cellorigo, Bilibio, Belorado, Nájera, Haro, Calahorra y Cervera del Río Alhama continuaron en poder aragonés.[ax]​ Con ello, la frontera quedaba en los límites tradicionales entre Castilla y Navarra, antes de las conquistas castellanas que sucedieron al asesinato de Sancho el de Peñalén.

Según la Crónica de San Juan de la Peña:

Para que en adelante no surgiere ninguna disensión entre ambos reinos, se decidió qué tierra era Reino de Navarra, es decir, desde el río Ebro hasta cerca de la ciudad de Burgos, que el rey Sancho de Castilla había arrebatado con violencia a su pariente el rey Sancho de Navarra (Sancho el de Peñalén), hijo del rey García (García Sánchez de Nájera). De lo cual se extendieron documentos entre ambos reyes y reinos de Castilla y Navarra y cada uno de ellos recibió "cartas suas firmatas et bene vallatas". Entonces Alfonso de Aragón entregó toda la tierra de Castilla a Alfonso de Castilla, y en adelante no quiso que se le llamara emperador, sino rey de Aragón, Pamplona y Navarra.[115]

La situación exacta tras las paces no es del todo clara, dado que parece que ambos Alfonsos siguieron disputandose algunas plazas en la frontera incluso después de haber acordado el tratado. Parece que Alfonso I siguió controlando o tratando de fortificar Castrojeriz pese a estar en el lado castellano.[117]

Pórtico de la Iglesia de la Virgen del Rivero (comienzos del siglo XII),[118]​ en San Esteban de Gormaz. Esta localidad fue aragonesa con Alfonso I el Batallador, y repoblada y fortificada hacia 1128.

Además, la extremadura aragonesa se extendía a través de las actuales provincias de Soria y Guadalajara por localidades que pasarían a ser castellanas sólo tras la muerte del Batallador. Esta zona incluía poblaciones conquistadas a los musulmanes por el Batallador o repobladas por él como Ágreda, Almazán y Soria, que continuaron en poder aragonés hasta finales de 1135.[120]​ Alfonso I se dedicó tras Támara a reforzar dicha frontera.

Desde septiembre de 1127 se ocupó de repoblar Cella, en cuyas operaciones debió participar Rotrou de Perche, que recibió en recompensa la villa de Corella (Navarra).[126]

De acuerdo a la Chronica Adefonsi imperatoris, Alfonso VII de León se enfrentó contra él durante esa campaña de 1128 por Morón de Almazán. Según la crónica, la población fue auxiliada por el leonés cuando el Batallador intentó sitiarla. Esa ciudad, Atienza y Medinaceli quedaron en manos del emperador frente a las posiciones fortificadas por el aragonés. La falta de colaboración del conde de Lara,[127]​ opuesto a Alfonso VII, le impedía tomar nuevas medidas en el frente soriano. La crónica, siendo otra fuente proleonesa, cita las fuerzas de Alfonso VII como inferiores en número a las del Batallador y culpa a los nobles castellanos y leoneses rebeldes de la ventaja aragonesa.

Vuelta a la frontera oriental y política occitana

En 1129, el descontento popular con los almorávides le brindó a Alfonso una oportunidad con la huída del gobernador sevillano Alí ibn Majjuz. Este se refugió con Alfonso y con su alianza el rey aragonés intentó conquistar Valencia una vez libre de la presión leonesa.[ay]​ o quizás en la expedición almorávide de 1126 contra Lascuarre.

Mientras, el primer obispo de la Zaragoza reconquistada, Pedro de Librana, falleció entre abril y septiembre de 1029. La sede seguía vacante cuando, a principios de febrero de 1130, el rey Alfonso I repoblaba Monzón y nombró a Esteban Cajal, obispo de Jaca-Huesca. Antes del 15 de febrero de 1130 ya había sido trasladado Esteban Cajal del obispado de Jaca-Huesca al de Zaragoza. Mientras, la situación con León seguía siendo complicada, aunque diversos señores franceses mediaron.[az]

Placa conmemorativa en el castillo de Bayona

Alfonso atravesó el valle de Arán entre octubre de 1130 e inicios de 1131 para volver al otro lado de los Pirineos, donde la situación parece que seguía inestable. Los motivos de la campaña no están claros: algunos autores apuntan a que Guillermo X de Aquitania o Alfonso Jordán de Tolosa podrían haberse aliado con Alfonso VII de León[aa]​ Durante este asedio dictó su testamento, luego fuente de grandes disensiones.

Durante esa campaña, Alfonso se siguió preocupando de la repoblación y organización de sus territorios. Otorgó fueros a varias ciudades como Daroca (1129), Corella (1130) y Calatayud (1131).[138]​ El modelo calaría y se convertiría en el esquema usado por los sucesores de Alfonso para garantizar la seguridad de la frontera. También amplió el fuero zaragozano con el privilegio de Tortum per tortum (1129), que confiaba la protección de los intereses particulares a los cuerpos armados seculares que se pudiesen formar, garantizando la autodefensa y los derechos de pastura concedidos a la ciudad. Esto se convertiría durante siglos en una clave de la política municipal y en un punto vital de su economía (véase Casa de Ganaderos de Zaragoza). Una última concesión de relevancia fue el fuero de San Cernin, que supuso el reconocimiento independiente del asentamiento franco junto a la Pamplona episcopal ( La Navarrería), lo que dio origen al sistema de burgos de Pamplona.

Últimas batallas y campaña de Fraga

Estatua de Alfonso I en el parque del Retiro de Madrid.

En 1131, mientras el rey combatía en Gascuña, Gastón IV de Bearn y el obispo guerrero Esteban combatieron en el sureste de Aragón contra los almorávides, que seguían acosando el reino desde Valencia. En uno de los últimos ataques musulmanes el vizconde y el obispo fueron muertos. Así lo narra el historiador IbnʿIḏārī, según José María Lacarra:

Este mismo año (el 534 de la Hégira) murió el gobernador de Valencia Mohamad Yidar. Yintān ben ʿAlī la gobernó para consolación de Dios. Venció a los cristianos [24 de mayo de 1130], y la cabeza de su jefe, Gastón, fue traída a Granada en el mes de Yumada Segunda. Esto devolvió la sonrisa al emir de los musulmanes, ʿAlī ben Yūsuf, que estaba en Marrakech, añade Ibn ʿIḏārī.

El cuerpo de don Gastón fue rescatado por su viuda doña Talesa y sepultado en la iglesia del Pilar, hoy basílica y concatedral de Zaragoza. Esteban, otro de los históricos apoyos de Alfonso en su reinado, fue sucedido por García Guerra de Majones en la mitra zaragoza.

Tras la muerte de Gastón, el rey volvió a su reino dejando la política occitana en manos de sus caballeros. Pudo haber tenido alguna escalada de tensión con Alfonso VII de León, pues tras haber sido derrotado el rebelde conde de Lara el año previo, es en 1131 cuando ambos monarcas se vuelven a disputar Castrojeriz.[139]​ Sin embargo, el leonés usó a Zafadola contra los almorávides y se vio ocupado por una rebelión en Asturias evitando más conflictos con el Batallador.

En cualquier caso Alfonso I tomó como prioridad acabar la reconquista del Ebro. Se trasladó a las tierras de La Rioja, donde planteó una repoblación de la ciudad de Cantabria o Varia (junto a Logroño), probablemente dirigida a consolidar la zona frente a León. Planeó a orillas del Ebro una expedición fluvial para acabar finalmente con la amenaza que representaban las posiciones musulmana en Lérida y Tortosa,[be]​ También en 1132 consolidó la repoblación de la ribera del Ebro dotando de fueros a Mallén y Asín.

Su última campaña contra los musulmanes empezó en 1133. El Batallador sitió y se hizo ese mismo año con Mequinenza, una de las últimas posiciones islámicas al norte del Ebro y bastión oeste de la línea defensiva de Lérida.[144]

Sin embargo, Alfonso contaba con ejército menguado sin los bearneses y gascones de Gastón, que habían vuelto en masa a su tierra. En el verano de 1134 estaba el rey sitiando la fortaleza de Fraga con apenas quinientos caballeros cuando un ataque de los almorávides al mando del gobernador de Valencia, Avengania, con el que colaboró la guarnición musulmana, sorprendió a los sitiadores y los derrotó el 17 de julio. El veterano monarca recibió graves heridas. Aunque logró huir y salvarse en primera instancia, complicaciones de esas heridas causaron su muerte el 7 de septiembre de ese año en la localidad monegrina de Poleñino (entre Sariñena y Grañén). Fue sepultado en el monasterio de Montearagón, cerca de Huesca.[bg]