Revolución belga

Revolución belga
Wappers belgian revolution.jpg
Gustave Wappers: Episodio de la Revolución Belga de 1830, pintura histórica, 1835.
Fecha1830-1831
LugarBélgica y Mar del Norte
ResultadoFlag of Belgium (1830).svg Decisiva victoria belga: Tratado de Londres.
Consecuencias
Beligerantes
Flag of Belgium (1830).svg BélgicaFlag of the Netherlands.svg Países Bajos
Comandantes
Flag of Belgium (1830).svg Félicité Robert de Lamennais
Flag of Belgium (1830).svg Charles Rogier
Flag of Belgium (1830).svg Louis de Potter
Flag of the Netherlands.svg Guillermo I de los Países Bajos
Flag of the Netherlands.svg Guillermo de Orange

En la Revolución belga de 1830 se alzaron los habitantes de las provincias del sur del Reino Unido de los Países Bajos contra la superioridad de las provincias norteñas, mayoritariamente protestantes. En pocas semanas de agosto y septiembre la rebelión logró la secesión de Flandes y la Valonia y la formación de Bélgica. Sólo parte de Luxemburgo permaneció hasta 1890 en unión personal con el Reino Unido de los Países Bajos.

Del siglo XIV al XVI el norte y el sur estuvieron unidos y compartieron la misma historia, primero como Países Bajos Borgoñones y más tarde como Países Bajos Españoles. Durante la Reforma Protestante y la Guerra de los Ochenta Años lograron la independencia las siete Provincias Unidas de los Países Bajos Holandeses. En 1815, tras el Congreso de Viena norte y sur se unieron de nuevo junto al Principado de Lieja. Las divisiones religiosas, lingüísticas y económicas, que se habían producido durante los aproximadamente 250 años de separación, se pusieron pronto de manifiesto de forma dramática. La consecuencia fue esta revolución burguesa y liberal en el contexto de la Revolución de Julio francesa. El joven estado belga fue reconocido como totalmente independiente en 1839. Durante estos años se forjó un sistema político cuyos fundamentos han permanecido hasta hoy.

Bélgica y los Países Bajos hasta 1815

Historia conjunta

Los territorios que comprenden los actuales Países Bajos, Bélgica y Luxemburgo, a excepción de la Diócesis de Lieja, estuvieron en la Edad Media unidos cultural y políticamente, pertenecieron desde los siglos XIV/XV hasta el XVI a los Países Bajos Borgoñones, y más tarde a la Circunscripción de Borgoña en el Sacro Imperio Romano Germánico. El Condado de Flandes y el Ducado de Brabante, con sus ciudades (Amberes, Brujas, Gante, Bruselas, Malinas e Ypres) tuvieron un importante papel en la región de los Países Bajos.

En 1464 se reunieron por primera vez los Estados Generales de los Países Bajos en Brujas, y el tribunal supremo se reunió en Malinas. De la Casa de Borgoña pasaron por herencia a la Casa de Habsburgo y experimentaron una época dorada bajo el gobierno del emperador Carlos V. Tras su abdicación, el mando sobre los Países Bajos Españoles pasó a su hijo Felipe II de España.

Historia por separado

Las 17 provincias de los Países Bajos y la Diócesis de Lieja (en verde), 1477.
Unión de Utrecht, Unión de Arras y Diócesis de Lieja (verde), 1579.

La separación se produjo durante la Reforma. En primer lugar fueron las provincias de habla neerlandesa y buena parte del sur de los Países Bajos Alemanes captadas por el calvinismo. A continuación se desató la Guerra de los Ochenta Años entre España y las regiones autoproclamadas protestantes. Mientras que las provincias valonas reconocieron expresamente en la Unión de Arras estar bajo la soberanía española, los territorios del norte se aliaron en la Unión de Utrecht. En 1581 las provincias del norte se disociaron en la República de los Siete Países Bajos Unidos del control español y del Sacro Imperio, con el que le unían unos débiles lazos.

La caída de Amberes en 1585 marcó un punto de inflexión en la historia de ambos países. El sur permaneció en España y fue recatolizado. Muchos intelectuales, artistas y comerciantes huyeron al norte, donde despuntaba la Edad de oro de los Países Bajos, mientras que las regiones del sur permanecieron bajo la monarquía absolutista de los Austria. Estuvieron bajo el mando de un gobernador que reinaba desde Bruselas. La guerra, casi ininterrumpida, con España se terminó en 1648 con la Paz de Westfalia, que consolidó la separación entre norte y sur. La desembocadura del Escalda quedó en la parte de la Unión, lo que frustró el comercio de Amberes al perder así la comunicación directa con el mar.

Durante los años de la rivalidad entre los Habsburgo y Francia, los Países Bajos Españoles fueron un escenario de guerra habitual y en el Tratado de los Pirineos (1659) y la Guerra de Devolución (1667–1668) importantes plazas, como Lille, Arras, Cambrai y el condado de Artois pasaron al control francés. Tras la Guerra de Sucesión Española y la firma del Tratado de Utrecht, los hasta entonces Países Bajos Españoles fueron adjudicados a los Habsburgo austríacos en 1714 y pasaron a llamarse Países Bajos Austríacos.

La evolución desde la Revolución francesa

Países Bajos Austríacos y el Principado de Lieja, 1786.[1]

En 1789 las hostilidades del Ducado de Brabante con el Emperador José II dieron lugar a la Revolución de Brabante, bajo el mando de Hendrik van der Noot y Jan Frans Vonck, que desembocó el 11 de enero de 1790 en la declaración de independencia de los Etats Belgiques Unis (Estados Unidos Belgas). Esta república confederada tuvo una vida corta, pero fue una expresión de las pretensiones de independencia que aparecieron como reacción a las reformas centralistas de José II. En este contexto aparecieron diferentes ideas de «nación belga», que tenían en común el sentimiento de unidad. Este sentimiento no murió con el colapso de la república y junto a otros factores desembocó en la revolución de 1830. Paralelamente a la Revolución de Brabante se produjo la Revolución de Lieja, influida por la Revolución francesa.

Los Países Bajos Austríacos y los del Norte fueron, en el contexto de las Guerras Revolucionarias Francesas, ocupados en 1794 y 1795 respectivamente por las tropas revolucionarias. Después, como consecuencia del Tratado de Campo Formio formaron parte de Francia durante los siguientes doce años. A largo plazo sería significativo que a pesar de las protestas iniciales de la burguesía contra la asimilación, se fueron afrancesando cultural y lingüísticamente. Los Países Bajos del Norte pasaron a formar tras la independencia de Francia la República Bátava (1795–1806), y después el Reino de Holanda bajo el gobierno del hermano de Napoleón Luis Bonaparte (1806–1810) y finalmente fue integrada en el estado francés. Cuando se impuso en 1810 el Bloqueo Continental contra Inglaterra se desató una crisis económica de la que los Países Bajos no se recuperaron hasta que en 1813 las tropas francesas se retiraron tras la Batalla de Leipzig.