Nicolas Flamel

Nicolás Flamel
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Retrato de Nicolas Flamel
Información personal
Nombre de nacimientoNicolas Flamel
Nacimientoca. 1330
Pontoise
Fallecimientoca. 1418
París
NacionalidadFrancesa
Religióncatolicismo
Familia
CónyugePerenelle
Información profesional
OcupaciónEscribano, copista, librero jurado
Conocido porsu presunta obra alquímica

Nicolás Flamel (ca. 1330  Pontoise – 22 marzo 1418, París), fue un burgués parisino del siglo XIV, escribano público, copista y librero juramentado.[3]

Personalidad medianamente destacada en su tiempo, logró poseer una fortuna modesta pero importante para su entorno, parte de la cual empleó en donaciones y fundaciones piadosas. Esta riqueza fue el origen de la leyenda según la cual la obtuvo por medio de la alquimia. Esta creencia, que las fuentes demuestran infundada,[3]

Biografía

Fuentes

La biografía de Nicolás Flamel ha podido ser estudiada gracias a una documentación relativamente abundante, caso notable para la época al tratarse de un personaje que no pertenecía a la nobleza. Se conserva su documentación personal, entre ella su testamento, de su esposa Pernelle y de algunos parientes. Las actas de la parroquia de Saint-Jacques-la-Boucherie, reunidas en el siglo XVIII, proporcionan abundantes datos sobre su vida y su obra. Además se conserva su lápida, con la inscripción correspondiente, y una de las casas que hizo construir, aunque no hay pruebas de que viviese en ella, con una interesante inscripción y notables representaciones en su fachada. De las demás edificaciones y  monumentos religiosos que hizo construir; la mayor parte han desaparecido, pero hay numerosas descripciones e ilustraciones de los mismos.[7]

Escribano y librero

Nicolás Flamel nació hacia 1330 (o, según Wilkins, hacia 1340[9]​ Es la época de la Guerra de los Cien Años; Nicolás nació poco antes de la batalla de Crécy (1346) y murió poco después de la revuelta de los Cabochiens (1413) en el marco de la guerra entre Armagnacs y Bourguinons

En 1348 se desencadena la Peste Negra y Nicolás está entre los sobrevivientes, luego lo hallamos en París donde debió asistir, como todos los burgueses de la ciudad, a la entrada de la reina Isabel de Baviera (1389). Desde el siglo XIII, con la fundación de las Universidades, el crecimiento de la literatura secular y la difusión de la lectura entre la nobleza y la alta burguesía, comenzaron a desarrollarse en las ciudades talleres privados de escritura, copia e iluminación, tareas que hasta entonces se llevaban a cabo en los scriptoria monásticos. La ciudad de París era uno de los centros universitarios más destacados de Europa Occidental y los dictámenes de sus doctores definían opiniones y sentaban jurisprudencia; estudiantes de toda la Cristiandad concurrían a sus clases y, por ende, necesitaban libros. Cuando Flamel se estableció en la ciudad, el comercio librario se había desarrollado en ella bajo el auspicio universitario, ya que sus autoridades supervisaban la producción de textos de estudio.[10]

En París, Flamel comenzó a trabajar como copista en una pequeña tienda anexa a la iglesia de Saint-Jacques-la-Boucherie, en la rue des Ecrivains. Es posible que con él estuviera Jean Flamel (quizás su hermano menor), secretario y bibliotecario del duque de Berry (conocido por sus Très Riches Heures). Después de 1368 prestó juramento ante las autoridades de la Universidad con lo cual era reconocido como librero juramentado; es decir como miembro del gremio de "libreros, fabricantes de pergaminos, iluminadores, escritores y encuadernadores de libros, todos comerciantes"[11]​, conocido con el nombre genérico de clérigos (lo que no implicaba ser miembro del clero). En cuanto tal, depende de la Universidad y no del preboste parisino como los demás comerciantes; esto también los exime de pagar la talla (impuesto personal). Un documento citado por el Abbé Villain testimonia que, en 1415, Flamel quiso hacer valer este privilegio para evitar el pago de un impuesto; no se sabe con qué éxito.

En la década de 1360, compró una casa en la esquina de la rue des Ecrivains y la rue de Marivaux (hoy llamada precisamente rue Nicolas Flamel) donde vivió e instaló su taller, cuyo emblema era la flor de Lis. Entre los relieves e inscripciones de su fachada, figuraba la máxima: « Chacun soit content de ses biens, Qui n'a souffisance il n'a riens » (divisa de Enguerrand de Marigny[7]

Flamel era un hombre letrado para su época. Fue copista y comprendía correctamente el latín. De acuerdo con la leyenda, cuando se hallaba en plena Guerra de los Cien Años trabajando de librero en París, Flamel se hizo alrededor de 1355 con un grimorio alquímico —diferentes versiones aseguran que lo recibió de un desconocido, que lo compró casi al azar o que le fue entregado por un ángel en sueños— que excedía con creces sus conocimientos, y empleó 21 años en intentar descifrarlo. Para ello viajó a España, donde consultó tanto a las autoridades sobre Cábala como a los especialistas en el mundo antiguo —en aquella época y bajo la influencia andalusí, las mejores traducciones del griego antiguo se producían en las universidades españolas— hasta encontrar, después de preguntar a muchas personas, en León a un anciano rabí, el Maestro Canches, quien identificó la obra como el Aesch Mezareph del Rabí Abraham, y enseñó a Flamel el lenguaje y simbolismo de su interpretación.

La narración de todos estos hechos tiene lugar en su Libro de las figuras jeroglíficas (1399) que describe brevemente al comienzo dichas peripecias, explicando a lo largo de dicha obra el magisterio filosofal descrito como si de la peregrinación a Santiago de Compostela se tratara, sin embargo algunas teorías apuntan a que dicho entramado tiene un significado mucho más profundo, siendo reflejo de los misterios iniciáticos que se ocultan tras esta obra. Entre estos misterios estaban el descubrimiento de la piedra filosofal y la creación de homúnculos mediante la palingenesia de las sombras (crear un cuerpo astral, animal o vegetal).

Flamel regresó a París en 1382, en 1407 se hizo construir una casa, aún en pie, en el actual 51, rue de Montmorency, además de financiar capillas, asilos y hospitales. El rey Carlos VI de Francia le pidió que le aportara oro a las arcas reales mediante su sistema de transmutación.

Se asegura que durante esos años elaboró también una piedra, gracias a la cual él y su mujer, Perenelle, obtuvieron la inmortalidad. Aunque a todas luces falló ya que fallecieron y fueron enterrados entre 1410 y 1418 en el cementerio de St. Jacques de la Boucherie, al intento de exhumarlo se encontró con una tumba vacía; aunque bien pudo deberse al saqueo de la misma en busca de objetos de valor o de textos, esto no hizo más que reforzar los rumores de su inmortalidad, al igual que las historias sobre su vida en juventud y recorriendo lugares como India y Turquía después de su supuesta muerte, recopiladas por Paul Lucas (1664-1737). Su lápida, ricamente grabada, se conserva en el Museo de Cluny.