Máscara de Fernando VII

Alegoría de Fernando VII por Diego José Monroy Aguilera, Museo Lázaro Galdiano, Madrid.

La Máscara de Fernando VII o máscaras fernandinas[4]​ para referirse a una estrategia que había sido utilizada por las Juntas de gobierno de los insurgentes novohispanos, independentistas venezolanos, y por los impulsores de la Revolución de Mayo en el Río de la Plata para contemporizar con el reinado -constitucional- de Fernando VII y evitar ahondar la reacción realista. Aunque la realidad de dicha "máscara" está actualmente en entredicho, hipotéticamente habría sido empleada para desligarse de la Monarquía constitucional española de las Cortes de Cádiz, con el rey ausente, y al mismo tiempo evitar los problemas de haber proclamado la independencia a través sus congresos constituyentes, instalados en forma abierta frente al monarca, ahora presente, restaurado en España y habiendo revocado la constitución de 1812. No obstante, las autoridades coloniales españolas de ambos periodos igualmente rechazaron militarmente estas insurrecciones, pero estas consiguieron resistir, desatando con ello la larga Guerra de Independencia Hispanoamericana.

Fundamentos

Para Fernando VII la constitución española de 1812 era una constitución republicana.[5]​ Toda forma de liberalismo iba completamente en contra del Antiguo Régimen. Y aunque todos defendiesen los derechos de Fernando VII al trono, la idea de que el monarca vea su soberanía entregada o compartida con la nación, ya sea en las Cortes de España, o también en las Juntas americanas, significaban un cambio radical en la forma del estado (lo mismo en América que en España). De esta manera las Juntas americanas y las Cortes españolas fueron revolucionarias desde su creación, porque solo reconocían a Fernando VII como rey liberal. Sin embargo la instalación de las Cortes de Cádiz, y su constitución, fue un punto de quiebre con las Juntas americanas en las diferencias sobre lo que eran la nación o el territorio, y la aparición de las primeras declaraciones de independencia.

Además, la restauración de Fernando VII en la península ibérica a través de un golpe de estado no significó la vuelta al Antiguo Régimen sino a una nueva forma de poder, el Absolutismo, más radicalizado hacía una tiranía personal. En consecuencia se borró y eliminó todo rastro de gobierno liberal español, se persiguió y exilió a los liberales españoles, mientras volvían los afrancesados, favorables al poder establecido. En América, por el contrario, la resistencia derivó en francas declaraciones de independencia a través de sus congreso constituyentes y la creación de nuevos estados completamente separados del Imperio español.