Literatura europea

Página manuscrita del Libro de Buen Amor

El concepto de la literatura europea se aplica al conjunto de manifestaciones literarias de carácter plurilingüe, orales y escritas, producidas en el ámbito geográfico de los países europeos desde la desaparición del Imperio romano hasta la actualidad. De forma restrictiva delimita un ámbito literario específico dentro del marco más amplio de la «literatura occidental», sobre todo en lo que se refiere al desarrollo de esta última en los siglos XIX y XX, donde otras literaturas occidentales como la estadounidense o la hispanoamericana han tenido un desarrollo independiente. En otro sentido, ha de superponerse al de las literaturas nacionales europeas tanto en su vertiente nacional-estatal, del tipo «literatura belga» o «literatura irlandesa» como en su vertiente nacional-lingüística, del tipo «literatura inglesa» o «literatura castellana».

«Literatura europea» delimita, por lo tanto, un ámbito cultural homogéneo, Europa, y un lapso cronológico amplio, siglos VI al XX, en los que esquemas de pensamiento, modelos, temas, formas e influencias mutuas se originan, desarrollan, modifican y desaparecen con una continuidad fácilmente perceptible y clasificable. La perspectiva de una «literatura europea», más allá de lenguas o de estados, como expresión del desarrollo colectivo de una cultura común, sin limitar los planteamientos anteriores, los unifica y generaliza y permite estudiarlos como un conjunto fuertemente cohesionado.

Orígenes

El inicio de la literatura europea está ligado a un proceso histórico fundamental: la desaparición del Imperio romano, que dio como resultado la creación de diversos reinos germanos en la Europa suroccidental a lo largo de los siglos V y VI d. C.

La fragmentación del Imperio romano supuso el abandono definitivo de la cultura antigua y, por lo tanto, en el ámbito literario que nos ocupa, la ruptura con la tradición grecorromana. En la misma línea, la aparición de los estados «bárbaros» —visigodos, francos, sajones, lombardos…—, con tradiciones literarias poco desarrolladas potenció junto con la fragmentación lingüística de la Romania, la decadencia intelectual del Occidente europeo. Sólo la pervivencia de la Iglesia Romana funcionó como gozne entre el final del mundo antiguo y el inicio de la Edad Media, sobre todo porque, al ser el latín la lengua de la Iglesia, la lengua de Roma seguirá siendo un elemento unificador para la primera literatura que podemos llamar europea. Obras como las Etimologías de San Isidoro, escritas en la Hispania visigoda o los poemas religiosos de Venancio Fortunato, procedentes de la Galia franca, fueron leídos y difundidos por toda Europa durante esos siglos oscuros. Sin embargo, precisamente esta preeminencia del elemento religioso cristiano dentro de la cultura literaria de la Alta Edad Media, marcó una diferencia sustancial en la literatura medieval europea en relación con la literatura clásica del Imperio romano.