Imperio español

El Imperio español o Monarquía universal española[n. 3]​ o Monarquía Hispánica fue el conjunto de territorios españoles gobernados por las dinastías hispánicas entre los siglos xvi y xix.

Tras el descubrimiento de América en 1492, España exploró y conquistó grandes extensiones de territorio en América, desde el actual suroeste de Estados Unidos, México y el Caribe, hasta Centroamérica, la mayor parte de Sudamérica y la costa noroeste de Norteamérica (actual Alaska y Columbia Británica). Todos estos territorios se integraron en la Corona de Castilla y, más tarde, en la Corona española. Inicialmente se organizaron en dos virreinatos, el de la Nueva España y el del Perú. Con el descubrimiento y asentamiento en varios archipiélagos del Pacífico a finales del siglo xvi, se incorporaron al imperio las Indias orientales españolas, formadas por las Filipinas, las Marianas (que incluían Guam) y las Carolinas (que incluían las Palaos), bajo la jurisdicción de la Nueva España. Más tarde, el Virreinato del Perú se dividió en dos: el de Nueva Granada y el del Perú, y finalmente se creó el del Río de la Plata.

El Imperio español alcanzó los 20 millones de kilómetros cuadrados a finales del siglo xviii[n. 4]​ Hasta el último período del Imperio, en el siglo xix, no adquiere estructura puramente colonial.

El español fue el primer imperio de alcance mundial o global al abarcar grandes extensiones de territorio que no se comunicaban por tierra en todos los continentes, a diferencia de otros grandes imperios anteriores como el romano o el mongol. Además de ser el primer imperio global de la historia,[14]​ como el viaje más trascendental de la Historia, culminó la llamada Era de los Descubrimientos.

Orígenes

A principios del siglo XV d. C. los distintos reinos de la península ibérica perseguían objetivos diferentes con su política exterior. Navarra quedó pronto confinada por la expansión de los otros dos reinos y sus sucesivos monarcas orientaron más sus miradas hacia Francia,[16]​ forzándolas a emprender políticas exteriores similares, pero al mismo tiempo diferentes:

Castilla trataba de culminar la Reconquista y evitar nuevas incursiones musulmanas tomando plazas e islas en el norte de África, incluso antes de reconquistar el Reino nazarí de Granada.[17]​ Al mismo tiempo, atravesaban momentos difíciles por la guerra civil librada entre partidarios de la futura Isabel la Católica y los de Juana la Beltraneja, en la lucha por suceder a Enrique IV el Impotente.

Aragón, por su parte, orientó su política expansionista hacia Francia y sobre todo al Mediterráneo central y oriental.[18]

Por último, Portugal había terminado su reconquista imponiéndose al rey castellano Alfonso X el Sabio en la toma del Algarbe, por lo cual Enrique el Navegante enfocó su expansión hacia el Atlántico, cediendo Ceuta a Castilla, para tomar el control de Madeira en 1419, las islas Azores en 1427 y proseguir con la implantación de asentamientos en los continentes africano y asiático para ir abriendo una ruta comercial con la India y China que circunnavegara el Continente Negro.[19]