Iglesia católica en Mongolia

La Iglesia católica está presente en Mongolia, donde cuenta con unos 1500 fieles,[2]

El catolicismo fue introducido por primera vez en el XIII, durante el Imperio mongol, pero desapareció con el final de la dinastía Yuan en 1368. Sólo hubo nueva actividad misionera tras la Guerra del Opio, a mediados del XIX. Se fundó una misión en Mongolia Exterior, lo que dio a Mongolia su primera jurisdicción católica, pero todo el trabajo evangelizador cesó en un año con la llegada al poder del régimen comunista.

Con la introducción de la democracia en 1991, los misioneros católicos volvieron al país y reconstruyeron la iglesia desde cero, reanudándose las relaciones diplomáticas entre Mongolia y la Santa Sede en 1992. En 2006, había en Mongolia una Prefectura Apostólica, un obispo y tres iglesias. El papa Juan Pablo II planeó una visita apostólica a Mongolia que no pudo realizarse y se espera que sea Francisco quien la lleve a término.

En octubre de 2011 el Sumo Pontífice Benedicto XVI recibió en audiencia al presidente de Mongolia Tsakhiagiin Elbegdorj con quien conversó sobre el trabajo de la Iglesia Católica en este país asiático.[4]

Historia

Mapa que muestra las rutas seguidas por Giovanni da Pian del Carpine y William Rubruck en el siglo XIII.
Catedral en Ulán Bator.

La Iglesia católica en Mongolia tiene raíces antiguas, la mayoría de ellas a través de China. Misioneros como William Rubruck y Giovanni da Pian del Carpine llegaron a la región entre los xiii y xiv gracias a la tolerancia religiosa de los mongoles. Es probable que Giovanni da Montecorvino, quien fundó la primera misión católica en Pekín y se convirtió en el primer obispo de Khanbaliq (Pekín), tradujera el Nuevo Testamento y los Salmos.[5]

Técnicamente, Mongolia perteneció a la diócesis de Pekín entre 1690 y 1838, año en que la diócesis de Liaotung -que incluía a Manchuria y Mongolia- fue separada de la de Pekín. El 28 de agosto de 1840, el nuevo Vicariato fue dividido a su vez en tres Vicariatos Apostólicos, Liaotung y Manchuria, Gansu y Mongolia.[7]

La misión sui iuris

La nueva constitución de Mongolia de 1992 garantizaba la libertad religiosa y se enviaron misioneros para reconstituir la Iglesia católica en el país asiático en la misión sui iuris. La Congregación del Corazón Inmaculado de María fue la encargada de la evangelización y la creación de la estructura de la Iglesia en Mongolia. Así, la congregación envió tres sacerdotes, los padres Wenceslao Padilla y Gilbert Sales procedentes de Filipinas, y Robert Goessens, de Bélgica, para llevar a cabo esta misión una vez que la Santa Sede hubo entablado relaciones diplomáticas con el gobierno de Ulán Bator. Previo a su llegada, los expatriados habían atendido a servicios protestantes. Al principio, ninguno de los misioneros hablaba mongol y no había textos litúrgicos católicos escritos en mongol.[11]

Prefectura Apostólica

El 23 de agosto de 2003, el cardenal Crescenzio Sepe, cabeza de la Congregación para la Evangelización de los Pueblos de la Santa Sede, llegó a Mongolia para consagrar al padre Padilla como primer obispo de Mongolia y dedicar una catedral en la capital. El papa Juan Pablo II se disculpó por no haber podido viajar él mismo a Mongolia para consagrar al obispo, ya que había planeado una visita a Mongolia, la primera que habría hecho un Papa a este país.[16]

En Mongolia hay más de 60 misioneros de varios países ayudando a la construcción de la Iglesia y cuatro parroquias en funcionamiento.[19]

La misión cuenta con un parvulario, clases de inglés, una escuela técnica, comedores, dos granjas y un centro de atención para 120 niños sin hogar.[22]

La Navidad no es fiesta en el país ya que el número de cristianos en Mongolia es muy reducido.[2]