Expedición Discovery

La Expedición Discovery fue la primera hecha por británicos en la Antártida durante el siglo XX.

La expedición antártica británica de 1901-1904 (conocida también como Expedición Discovery) fue la primera expedición oficial realizada por británicos en la Antártida en el siglo XX, tras los periplos de James Clark Ross llevados a cabo de 1839 a 1843. Su organización recayó en un comité integrado por representantes de la Royal Society y la Royal Geographical Society (RGS), cuyo objetivo era efectuar investigaciones científicas y exploraciones geográficas en lo que, para esa época, representaba «un continente aún por explorar». La mayoría de los exploradores que participaron en ella han sido reconocidos como importantes figuras en el llamado «período heroico antártico»,[1]

Sus hallazgos científicos tuvieron una gran repercusión en la geología, con el descubrimiento de los valles secos de McMurdo, en la zoología, con el descubrimiento de la colonia de pingüinos emperador en el cabo Crozier, y en la biología, la meteorología y el magnetismo. Respecto a las hazañas geográficas, sobresalieron los hallazgos de la península de Eduardo VII y la meseta Antártica, esta última después de seguir la ruta de las montañas Transantárticas. Sin embargo, la expedición no realizó un intento serio por llegar al Polo Sur, aunque alcanzó el punto más al sur —Farthest South— en la latitud 82° 17' S.[Nota 2]

Considerada como precursora para futuras expediciones, la Expedición Antártica Británica marcó un hito en la historia de las exploraciones británicas efectuadas en la región antártica. Una vez concluida, se la catalogó como un rotundo éxito, aun después de haber requerido de una costosa misión para liberar, en su momento, al barco Discovery y a su tripulación del hielo, al igual que por una serie de disputas surgidas en torno a la veracidad de algunos de sus logros. Algunos científicos han llegado a la conclusión de que la principal falla del proyecto consistió en su incapacidad para hacer uso de mejores técnicas y lograr así un eficiente viaje polar, esencialmente el manejo de esquíes y perros,[2]​ una deficiencia que persistiría en las siguientes expediciones británicas a la Antártida realizadas durante el «período heroico».

Contexto de la expedición

Antecedentes

Sir James Clark Ross, descubridor del mar de Ross, la barrera de hielo de Ross y el estrecho de McMurdo.

Entre 1839 y 1843, James Clark Ross —el entonces capitán de la Marina Real británica— completó una serie de tres viajes hacia el continente antártico al mando de los barcos HMS Erebus y HMS Terror. Fue en esta época que descubrió un nuevo sector de la Antártida —que después pasaría a ser explorado por futuras expediciones británicas, como la del barco RRS Discovery—, y logró establecer la cartografía general del continente además de bautizar a la mayor parte de la superficie descubierta. Sus hallazgos más notables fueron el mar de Ross, la barrera de hielo de Ross, la isla de Ross, la Tierra de Victoria, el estrecho de McMurdo, el cabo Crozier y los volcanes gemelos monte Erebus y monte Terror.[Nota 3]

Tras los periplos de Ross, no se tiene conocimiento de algún otro recorrido que superara el máximo trayecto al sur alcanzado por Ross, en por lo menos las siguientes cinco décadas. No fue sino hasta enero de 1895, cuando una embarcación ballenera proveniente de Noruega llegó al cabo Adare —el punto ubicado más al norte de la Tierra de Victoria—, que esta región de la Antártida fue explorada de nuevo por el ser humano.[Nota 6]

La idea de llevar a cabo la Expedición Discovery surgió a finales del siglo XIX y a principios del siglo XX, una época en la que había un gran interés en explorar las regiones antárticas. Para cuando la Expedición Discovery emprendió su viaje, unos días después también lo hacía una expedición alemana bajo el comando de Erich von Drygalski, cuyo propósito era explorar la costa de Kemp. Asimismo, el explorador sueco Otto Nordenskjöld dirigía una expedición hacia la Tierra de Graham, mientras que una expedición francesa dirigida por Jean-Baptiste Charcot se preparaba para ir a la península Antártica. Aunado a las anteriores comisiones, el científico escocés William Speirs Bruce se encontraba preparando una expedición de carácter científico al mar de Weddell.[8]

La Marina Real británica, Markham y Scott

Mapa del área de trabajo de la Expedición Discovery, incluidas las tres rutas de las exploraciones realizadas por sus miembros. Línea roja: viaje hasta el Farthest South (noviembre de 1902-febrero de 1903); línea negra: viaje a través de las montañas Transantárticas hasta la meseta Antártica (octubre-diciembre de 1903); línea azul: viajes al punto de mensaje y la colonia de los pingüinos emperador en el cabo Crozier (octubre de 1902-septiembre de 1903).

Por la influencia de John Barrow, segundo secretario del Almirantazgo, la exploración polar se había vuelto una actividad tradicional de la Marina Real británica tras las guerras Napoleónicas.[11]

El entonces secretario de la RGS Clements R. Markham —quien luego asumiría el puesto de presidente— era un exmarino que había participado en una de las expediciones para encontrar a Franklin en 1851,[13]

Una práctica que Markham había llevado a cabo desde hacía tiempo era tomar nota de los marinos jóvenes que, a su criterio, lucieran capaces de asumir las responsabilidades de una expedición polar, esto cuando la oportunidad se presentara. Así, conoció por primera vez al entonces guardiamarina Robert Falcon Scott en 1887, mientras este servía en el en la isla de San Cristóbal. Trece años después, Scott —para entonces un teniente del — se encontró con Markham en Londres y este le ofreció la dirección de la expedición. Scott siempre fue una de las opciones para esto en los planes de Markham, aunque no necesariamente había sido su primera elección. Fue elegido luego de que los candidatos mejor favorecidos estuvieran ya demasiado viejos para asumir el mando, o simplemente no estuviesen disponibles en ese entonces.[15]

La ciencia contra la aventura

El orden estructural de la expedición aún seguía sin resolverse. Markham determinó desde el comienzo que el líder de la expedición debía ser un oficial de marina, no un científico.[18]

Esta controversia estropeó las relaciones entre las sociedades, situación que prevaleció incluso una vez finalizada la expedición reflejándose directamente en las críticas hechas a la extensión y calidad de algunos de los resultados publicados.[18]