Dieta de Worms
English: Diet of Worms

Lutero en Worms.

La Dieta de Worms (en alemán: Reichstag zu Worms) fue una asamblea de los príncipes del Sacro Imperio Romano Germánico llevada a cabo en Worms (Alemania) del 28 de enero al 25 de mayo de 1521. Fue presidida por el recién nombrado emperador Carlos V del Sacro Imperio Romano Germánico.

El aspecto históricamente más relevante de la Dieta fue la comparecencia de Martín Lutero, quien fue convocado para que se retractara de sus famosas tesis. Del 16 al 18 de abril, Lutero habló delante de la asamblea, pero en vez de abjurar, defendió con energía su actitud protestante.[1]

El año anterior, el papa León X había emitido la bula Exsurge Domine, exigiendo que Lutero se retractara de 41 de las 95 tesis en las que criticaba las prácticas y costumbres de la Iglesia católica.[4]

La defensa de Lutero

"Lutero ante la Dieta de Worms". Cuadro de Anton von Werner (1877).

Al comparecer ante la Dieta, Lutero hizo varias declaraciones en su defensa que luego se convertirían en frases célebres.[5]​ Admitió ser el autor de los escritos que llevaban su nombre, pero rechazó retractarse de sus enseñanzas. Sostuvo que no podría hacerlo sin estar convencido de que debía hacerlo.

Lutero argumentó:

A menos que no esté convencido mediante el testimonio de las Escrituras o por razones evidentes —ya que no confío en el Papa, ni en su Concilio, debido a que ellos han errado continuamente y se han contradicho— me mantengo firme en las Escrituras a las que he adoptado como mi guía. Mi conciencia es prisionera de la Palabra de Dios, y no puedo ni quiero revocar nada reconociendo que no es seguro o correcto actuar contra la conciencia. Que Dios me ayude. Amén.[6]

De acuerdo con la tradición, Lutero entonces dijo estas palabras: «¡No puedo hacer otra cosa; esta es mi postura! ¡Que Dios me ayude!».[7]​ Esta argumentación atacaba directamente las enseñanzas de la Iglesia católica que insistía en que Lutero erraba intentando seguir únicamente las Sagradas Escrituras, puesto que, según la doctrina católica, las Sagradas Escrituras eran una parte de la revelación divina (junto con la Sagrada Tradición), y que sólo por las autoridades magisteriales podían ser correctamente interpretadas, y según las mismas Sagradas Escrituras:

2a. de Pedro 1; 20, 21

"Pero, ante todo, tened presente que ninguna profecía de la Escritura puede interpretarse por cuenta propia; porque nunca profecía alguna ha venido por voluntad humana, sino que hombres movidos por el Espíritu Santo, han hablado de parte de Dios."