Deísmo
English: Deism

El deísmo (del latín deus: «dios») es una postura filosófica que tiene la creencia de la existencia y la naturaleza de deidades o deidad a través de la razón y la experiencia personal, en lugar de hacerlo a través de elementos comunes como religiones, revelaciones, fe o tradiciones .

En general, un deísta es aquel que se inclina a aseverar la existencia de un dios, pero no necesariamente practica una religión​ y niega la intervención de dios en el mundo.[2]

Historia del deísmo

El deísmo como tal aparece en Europa durante el siglo XVII, junto con la revolución científica copernicana. Surgido como derivación de las disputas teológicas de la Reforma, fue acusado de ser una postura "atea" por sus adversarios ya que ponía en duda incluso los dogmas aceptados por las distintas confesiones religiosas de la época. Ejerció su mayor influencia, sin embargo, en el siglo siguiente como la postura predominante entre los filósofos de la Ilustración[3]​.

Antecedentes

El pensamiento de tipo deísta puede encontrarse en diversas culturas alrededor del mundo, a menudo expresado en la noción que los antropólogos llaman: deus otiosus[4]​. No obstante, el deísmo como pensamiento sistemático hunde sus raíces en la filosofía clásica, si bien en ésta no existe tal movimiento. La puesta en cuestión de los mitos y los cultos tradicionales permitió a los primeros filósofos griegos concebir la existencia de una divinidad inefable y oculta, así como, en algunos casos negar que tuviera intervención en los asuntos humanos. Así Heráclito menciona al Logos como el fundamento del cosmos y Platón habla de un dios supremo, alejado del mundo de las apariencias, en el cual actúa el Demiurgo como su agente. La concepción más cercana al deísmo, sin serlo, fue la de Epicuro quien sostenía la posibilidad de conocer a los dioses por medio de la razón y que éstos moraban en un mundo ultraterreno sin cuidarse de la humanidad o incluso de la Naturaleza. Esta postura fue compartida por sus seguidores, notablemente por Lucrecio, pero nunca alcanzó a convertirse en una teología y ciertamente fue rechazada por la mayor parte de los pensadores grecorromanos.

Durante el medioevo si bien no cuestionó la existencia de una divinidad, que se identificaba con el Dios de las religiones abrahámicas, hubo pensadores que lo concibieron como ajeno a la Revelación, a la cual veían como una impostura[5]​.

Aparición del deísmo

El Renacimiento, con su interés en los autores clásicos, así como el Humanismo y la Reforma pusieron en duda la creencia aceptada en una fe revelada cuya custodia se había confiado a la Iglesia. Al mismo tiempo, los viajes de descubrimiento mostraban a los viajeros europeos sociedades muy diferentes a las propias, e incluso a la que era considerada como paradigma de la "diferencia", la islámica.

Autores como Spinoza, con su Tratado Teológico Político, donde esbozaba los principios de la crítica bíblica o Edward Herbert de Cherbury en su obra Sobre la Verdad (De Veritate) sientan las bases del deísmo.

En la época de la Ilustración, siglo XVII, el movimiento deísta llega a su apogeo a partir de los escritos de autores ingleses y franceses, como Thomas Hobbes, Jean Jacques Rousseau y Voltaire[6]​.

Durante el período jacobino (1793-1794) de la Revolución Francesa, Robespierre decretó el deísta «culto al Ser Supremo» frente al ateo. Al mismo tiempo influyó en los escritos de los padres fundadores norteamericanos, como John Adams, Ethan Allen, Benjamin Franklin, Thomas Jefferson, James Madison, George Washington y, sobre todo, Thomas Paine. Concretamente los principios deístas tuvieron un efecto en las estructuras políticas y religiosas de EE. UU., como son la separación de la Iglesia y el Estado, y la libertad religiosa. Con el tiempo el deísmo también llevó al desarrollo de grupos religiosos, tales como el Unitarismo que se convirtió más tarde en el Unitarismo universalista.

El deísmo continúa hasta la actualidad en las formas de deísmo clásico y deísmo moderno.