Concilio de Pisa

Mapa que muestra el apoyo a Aviñón (rojo) y a Roma (azul) durante el Cisma de Occidente.

El Concilio de Pisa fue una reunión de cardenales, obispos y teólogos, que se celebró en el año 1409 con la intención de poner fin a la división que desde hacía treinta años afectaba a la Iglesia católica. Período conocido con el nombre de Cisma de Occidente. El concilio depone a los papas Gregorio XII de Roma y Benedicto XIII de Aviñón, y seguido de un cónclave, los cardenales eligen a Alejandro V, dando paso a lo que los contemporáneos llamaban el maldito trinomio.[2]

Preliminares

Desde 1378 la cristiandad se encontraba dividida bajo la obediencia de dos papas, uno en Roma y otro en Aviñón. A tal período de la historia de la Iglesia se le llama Cisma de Occidente y ninguna de las vías empleadas para ponerle fin había tenido éxito. La vía diplomática no resultó porque nunca se había intentado seriamente un compromiso arbitral entre las dos partes, la vía de la dimisión había fallado debido a la obstinación de los papas rivales, y la vía de la guerra tampoco había dado resultado. Así la sucesión en los dos bandos continuaba, sin poner fin a la división. A Urbano VI le siguieron Bonifacio IX, Inocencio VI y Gregorio XII en la sede romana; mientras que Benedicto XIII había sucedido a Clemente VII en la de Aviñón.[2]

Hacia 1408 los cardenales de los pontífices reinantes estaban muy descontentos, unos por la pusilanimidad y el nepotismo de Gregorio XII,[2]

Apoyados por el rey Carlos VI de Francia y la Universidad de París, y fundamentándose en los consejos de los ya anteriormente citados, cuatro cardenales de Aviñón fueron a Livorno donde se entrevistaron con nueve cardenales de Roma para preparar una reunión. Una vez allí buscaron la unión de la Iglesia. Redactaron una carta que dirigieron a los obispos y príncipes de la cristiandad, el 2 y el 5 de julio de 1408, por medio de la cual convocaban a un consejo general en Pisa, a celebrarse el 25 de marzo de 1409.[3]

Enterados de la desobediencia de sus cardenales, para contrarrestar la reunión convocada en Pisa, Benedicto XIII convocó un consejo en Perpiñán, mientras que Gregorio XII reunió otro en Aquilea. En realidad los "rebeldes" cardenales tuvieron más poder de convocatoria y día a día se sumaban a ellos, príncipes y obispos que pretendían solucionar la situación caótica de la cristiandad por medio de un concilio.[4]