Centro Cultural Recoleta

Centro Cultural Recoleta
Centro Cultural Recoleta 2012.jpg
Localización
PaísBandera de Argentina Argentina
CiudadBandera de la Ciudad de Buenos Aires Ciudad de Buenos Aires
DirecciónJunín 1930
Coordenadas34°35′11″S 58°23′32″O / 34°35′11″S 58°23′32″O / -58.39222222
Información general
TipoCentro cultural
Superficie18 800 m²[1]

Creacióndiciembre de 1980
Inauguracióndiciembre de 1980

AdministradorGobierno de la Ciudad de Buenos Aires
DirectorClaudio Massetti
Información del edificio
Construcción1732 (edificio del Convento)
1880-1900 (edificio del Asilo)
1979-1980 (reciclaje)
Información visitantes
Visitantes2 000 000[2]
Mapa de localización
Centro Cultural Recoleta ubicada en Ciudad de Buenos Aires
Centro Cultural Recoleta
Centro Cultural Recoleta
Ubicación (Ciudad de Buenos Aires).

Paredón que sostenía la terraza del Asilo, hoy es parte del Buenos Aires Design. (ca.1900)

El Centro Cultural Recoleta (en un comienzo llamado Centro Cultural Ciudad de Buenos Aires) es un espacio vivo y participativo para adolescentes y jóvenes que apuesta a la convivencia en la diversidad y que impulsa los movimientos artísticos del país y del mundo desde hace más de tres décadas.

Construido sobre un casco histórico con 300 años de historia, conecta tradición y vanguardia, y es visitado por más de medio millón de personas al año, en su mayoría jóvenes de entre 18 y 35 años.

Está ubicado en el barrio de Recoleta, en la Ciudad de Buenos Aires. Fue declarado Monumento Histórico Nacional y forma parte de un polo de atractivos turísticos y de esparcimiento, junto al Cementerio de la Recoleta y la Plaza Intendente Alvear, mal llamada Plaza Francia (esta se encuentra donde se alza el Monumento de Francia a la Argentina, frente al Museo Nacional de Bellas Artes). Ocupa el edificio del antiguo Asilo General Viamonte, y se trata de uno de los espacios culturales de mayor importancia de la ciudad.

Hay salas permanentes dedicadas a los adolescentes, al hip-hop, al dibujo, una zona de estudio, un espacio de ocio y recreación, un bar y una tienda de objetos de diseño argentino contemporáneo, además de la Terraza, el Cine, el Laboratorio musical, el Centro de investigación, la Residencia para artistas, la Capilla y las salas de exhibición para artes visuales.

Libertad, participación y convivencia son los valores que determinan el cruce de actividades: artes visuales, música, danza, teatro, literatura y cine conviven con hip hop, cosplayers, booktubers, instagramers, gamers y todas las nuevas escenas culturales jóvenes que están vivas en la ciudad.

En Clave 13/17, una plataforma hecha por y para adolescentes, un comité de chicos y chicas de 13 a 17 años son curadores y programadores del contenido joven de cada domingo y del festival Clave, una celebración anual que involucra música, poesía, artes visuales y nuevas expresiones centennials como el k-pop o el gaming.

El hip hop, una de las disciplinas centrales de la programación, tiene tres líneas de contenidos que combinan clases y batallas de breakdance, y competencias de freestyle como Cultura Rap o Triple F, un torneo femenino que busca profesionalizar y darle visibilidad a las chicas raperas. Además hay shows, dj sets, entrenamientos, exhibiciones y una crew estable que cada fin de semana convoca a chicas y chicos amantes del rap en Espacio Hip Hop, un espacio dedicado en forma permanente a esta cultura dentro del centro cultural.

Todo el año, a través de diferentes mecanismos de participación como las convocatorias abiertas y públicas, el Recoleta invita a organizaciones culturales y a colectivos de artistas a crear contenidos y/o integrarse a su programación, como la convocatoria anual a artistas para diseñar y dictar talleres o la convocatoria a organizaciones culturales que quieran organizar proyectos en colaboración.


Historia

El Centro Cultural Recoleta es conocido históricamente como la sede de lo nuevo. Desde su inauguración como centro cultural en 1980, sus salas se convirtieron en el lugar para que los artistas pudieran reflejar libremente inquietudes y búsquedas alejadas de una mirada conservadora. En una época dónde había pocos espacios institucionales para expresarse, el Recoleta alojó las nuevas disciplinas, al diseño y a la moda -entendida como actividad artística-, y a todas las tendencias emergentes que en estas salas se convertían en muestra y objeto de reflexión.

Con una impronta arquitectónica que tuvo distintas etapas y el sello original de Clorindo Testa, Jacques Bedel y Luis Benedit, el Recoleta fue uno de los principales centros que albergó en los 80’ el clima de época que se había forjado en los últimos años de la dictadura militar, durante los cuales los artistas jóvenes se unieron en espacios clandestinos y construyeron una cultura underground y transgresora en sótanos, locales nocturnos y discotecas. En los primeros años de democracia y bajo la dirección del arquitecto Osvaldo Giesso, el Recoleta fue uno de los primeros circuitos oficiales en incluir en sus salas estas expresiones artísticas que habían nacido en los márgenes. El concepto de “joven”, que había sido asociado a lo peligroso durante la dictadura militar, fue en el Recoleta una reivindicación fundamental que se logró al darle más visibilidad a las nuevas generaciones.

Durante los 80’, con la idea de seguir el modelo del Centro Pompidou de París y el espíritu del Instituto Di Tella de los 60’, el Recoleta reflejó a través del arte la apertura democrática que transitaba el país. Se reunieron voces diversas y lenguajes artísticos distintos: música, teatro, artes plásticas, performance y propuestas artísticas alternativas. Además, fue sede del cruce de lenguajes: lo académico con lo callejero, lo consagrado con las nuevas tendencias, lo lúdico con lo educativo. En poco tiempo, su idea de pluralismo y diversidad repercutió en la ciudad y su público se multiplicó de manera exponencial.

Artistas de varias generaciones fueron influidos por el Recoleta y, muchas veces, sus carreras fueron impulsadas por la exposición que les daba el centro cultural. Así fue el caso de Liliana Maresca, quien encontró en este centro un espacio receptivo para sus acciones, instalaciones y performances. También tuvieron su espacio de exploración y crecimiento, artistas como Ana Gallardo, Res, Marcos López, Duilio Pierri, Guillermo Kuitca, Juan Lecuona, Miguel Harte, Cristina Schiavi, Gustavo Marrone, Alejandro Kuropatwa y Luis “Búlgaro” Freisztav.

Entre los momentos fundantes del arte argentino, en esta sede se presentó Gota de agua hidroespacial y Arco de triunfo del fundamental Gyula Kosice, obras de Rómulo Macció y la escultura El pibe Bazooka de Pablo Suárez, que reveló el submundo porno-gay de fines de los 80’. Se exhibió Naturaleza de la naturaleza, de Luis Felipe Noé, trabajos de León Ferrari, Matilde Marín, Alfredo Prior, Inés Tapia Vera, Federico Klemm, Marta Minujín, Juan Doffo, Hermenegildo Sábat, Elba Bairon, Jorge Demirjián, Tulio De Sagastizábal y Diana Aizenberg, entre muchos otros.

En 1989 se hizo la primera Bienal de Arte Joven, que incluyó la construcción de un puente hecho con andamios que iba del Palais de Glace al Recoleta. Afuera, sobre un escenario, se exhibieron obras de arte mientras Batato Barea y Alejandro Urdapilleta interpretaban La fabricante de torta, una obra sobre la represión, la homofobia y la culpa religiosa.

En 1988, el Recoleta exhibió la muestra multidisciplinaria Mitominas I, coordinada por Monique Altschul, en la que se canalizaban los discursos de reivindicación de las mujeres. Esta muestra fue una experiencia fundante para la introducción del problema de género en Buenos Aires. El centro estaba siendo pionero en discusiones hoy muy instaladas en la sociedad pero que en aquella época no estaban en el foco de la agenda social. También fue el espacio para que las Abuelas de Plaza de Mayo pudieran hacer visible la búsqueda de sus nietos. En 1998, se inauguró la muestra Identidad, una instalación hecha por artistas como Carlos Alonso, Nora Aslán, Mireya Baglietto, Remo Bianchedi, Diana Dowek, León Ferrari, Adolfo Nigro, Luis Felipe Noé y Marcia Schvartz, en la que se desplegaba un gran friso hecho de espejos y 173 fotos de personas desaparecidas durante la última dictadura.

Como centro cultural, el Recoleta se caracterizó, en sus distintas etapas, por dialogar siempre con su entorno y representar en su programación artística un clima de época, con muestras, recitales y obras escénicas que hacían referencia al contexto político y social de la Argentina y el mundo.

Si en los 80’ fue la sede del arte que estaba fuera del mercado y el espacio que albergó a los artistas contraculturales y visionarios que hasta ese entonces trabajaban en los márgenes, en los 90’ fue la época de la internacionalización. El Recoleta se convirtió en el epicentro del circuito comercial del arte gracias a la llegada de grandes artistas internacionales, y a que fue sede de las ediciones de arteBA entre 1991 y 1997.

En 1997, David Bowie se presentó en vivo en la mítica capilla del Recoleta y cantó "Allways Crashing The Same Car", "Can´t Read" y "The Superman" acompañado por una guitarra de doce cuerdas en un breve concierto acústico que funcionó como side show antes de su presentación en el estadio de Ferro.

En 1998, llegó Yoko Ono con su muestra En Trance, en la que cien ataúdes se ubicaban en un enorme galpón y del interior de cada uno de ellos crecía un árbol. Durante la muestra, Charly García y Gustavo Cerati vinieron a saludar a Yoko en un encuentro inolvidable para el archivo del centro cultural. Ese mismo año, Cerati dio un show histórico en la terraza del Recoleta en el cual presentó “Plan V”, un proyecto solista y electrónico en un momento de transición entre la ruptura de Soda Stereo y el ingreso definitivo a su carrera solista.

En los 2000, el francés François-Marie Banier inauguró la década con una muestra de retratos fotográficos de personajes públicos y anónimos conocida mundialmente. También se presentó La Vanguardia Rusa, una muestra excepcional de 30 artistas rusos de las primeras décadas del siglo XX. Fue la época de las grandes instalaciones del Grupo Mondongo y la consolidación de las performances de Fuerza Bruta en la sala Villa Villa del Recoleta.

Antes de ser un espacio para los artistas, el Recoleta era, durante el siglo XVIII, el convento de los franciscanos. Luego, con la Revolución de Mayo, fue su academia de dibujo. En 1822 el predio devino escuela de agricultura, jardín botánico, prisión y cuartel. En 1834, después de la rebelión de Juan Lavalle, fue el primer Hospital de Clínicas y un asilo para enfermos mentales. Más tarde, Valentín Alsina inauguró allí el Asilo de Mendigos (llamado también “Asilo de los Inválidos”) y luego pasó a ser un asilo de ancianos, en 1944. El Recoleta cambió de destino para siempre en los 80’ cuando se convirtió en el epicentro del arte joven, ecléctico y de vanguardia. Su historia define su presente.

Convento de los Recoletos

Cementerio, Iglesia del Pilar y Asilo de Inválidos, en 1867.

El solar donde se encuentra el Centro Cultural fue originalmente donado a los frailes franciscanos recoletos en 1716, y en el lugar donde se encuentra el edificio funcionaba el claustro. Los planos de la obra fueron diseñados por los arquitectos jesuitas alemanes Johann Kraus y Johann Wolff, mientras que el diseño de la fachada y los espacios interiores son atribuidos al arquitecto italiano Andrea Bianchi.

El conjunto es uno de los edificios más antiguos aún en pie de la ciudad, ya que su construcción finalizó en 1732. Con la llegada de la Revolución de Mayo y la independencia Argentina, los recoletos nacidos en España fueron trasladados a Catamarca debido a su oposición a la Primera Junta y el edificio cambió sus funciones, ya que allí Manuel Belgrano creó una Academia de Dibujo, dirigida por el padre Francisco de Paula Castañeda.[3]

Asilo de Mendigos y otros usos

En 1822 el Gobernador Martín Rodríguez desalojó a la orden del Convento, trasladando a los monjes que quedaban a la Iglesia de San Francisco o a la recolección en Catamarca, e instaló allí el Asilo de Mendigos. Todo era a causa de la Reforma Eclesiástica impulsada por su ministro Bernardino Rivadavia, mediante la cual se exclaustró a las órdenes católicas y sus edificios fueron utilizados para organismos públicos: el complejo fue utilizado como escuela de agricultura, jardín botánico, prisión y cuartel.[3]

En 1828, las tropas del General Juan Lavalle se instalaron en el antiguo Convento, dando inicio a la rebelión en la que sería asesinado el Gobernador Manuel Dorrego.[5]

Asilo de Ancianos “Gobernador Viamonte”

Durante diez años el asilo funcionó bajo la dirección de la Corporación Municipal de Buenos Aires, pero ante la crítica situación presupuestaria, se entregó la administración de la institución a la orden de las hermanas de San Vicente de Paul. Recuperando el carácter del antiguo convento, las monjas reordenaron el asilo y se mantuvieron a cargo del ahora llamado Asilo de Ancianos, a lo largo del siguiente siglo.[6]​ La Sociedad de Beneficencia fue la institución civil a cargo de la financiación y el mantenimiento del conjunto.

Vista del Paseo de la Recoleta hacia 1900

La zona de “la Recoleta”, como ya se la llamaba, fue privilegiada por Torcuato de Alvear, primer intendente de Buenos Aires (1880-1887), para realizar allí remodelaciones y embellecimiento del espacio público, y el edificio del asilo no fue la excepción. Comenzando con las ampliaciones a partir del mismo año 1880, el pabellón de acceso, de estilo italianizante, y la capilla de estilo neogótico fueron construidos, junto con pabellones de una sola planta, entre 1881 y 1885. Las obras fueron financiadas con donaciones de porteños de clase alta y encargadas al arquitecto municipal Juan Antonio Buschiazzo, quien diseñó todos los edificios.[7]​ También Buschiazzo fue el paisajista de la actual Plaza Intendente Alvear, a la cual dotó de una laguna artificial y unas falsas ruinas que años más tarde serían demolidas; y fue quien proyectó el actual pórtico del Cementerio de la Recoleta y el paredón con esculturas que sostiene la terraza del antiguo asilo, salvando el fuerte desnivel del terreno. Así, el área de Recoleta se transformó en la privilegiada por el Intendente Alvear, y pasó a ser uno de los paseos favoritos de la clase alta porteña, como lo documentan numerosas fotografías de comienzos del siglo XX.

Asilo General Viamonte visto desde la Plaza Intendente Alvear. Los edificios de esta imagen fueron demolidos en 1980.

Entre 1893 y 1894 se realizaron nuevas ampliaciones a cargo de Buschiazzo, mientras el asilo crecía en su número de alojados y agregaba nuevas dependencias: lavaderos, panadería, etc. Luego de una breve crisis económica que afectó a la Municipalidad a mediados de la década en 1897, se le volvió a encargar al ingieniero una nueva remodelación. Buschiazzo imbuido en el espíritu higienista de su época, en muchas ocasiones insistió en la importancia de la ventilación. Era éste el punto central de muchas teorías de la época acerca de la higiene y la sanidad. Sobre estas últimas remodelaciones Buschiazzo remarcaba : "presenta el conjunto un aspecto pintoresco y armónico, bastante agradable en su elegante sencillez. Esta obra ofrece amplias comunicaciones, escaleras de rampas suaves y derechas, servicios sanitarios completos, luz y aire en abundancia, siendo todo sencillo, económico y sin lujo, como corresponde a la morada de los ancianos desvaliidos que asila y acoge la caridad pública." [8]

Sin embargo, la década de 1960 significó un punto de inflexión para la zona, ya que por un lado se instaló el primer restaurante de lo que llegaría a ser un polo gastronómico, a cargo del luego reconocido chef Gato Dumas,[9]​ y por el otro la Plaza Francia fue el lugar elegido por la juventud porteña para pasar su tiempo libre y vender artesanías, a medida que se instalaba como moda el movimiento hippie y el rock. Sobre el paredón del Asilo se instaló la feria de artesanía, y en las barrancas de la plaza se reunieron algunos de los padres del rock argentino, como Pappo, Claudio Gabis, Miguel Abuelo, Moris y el mítico Tanguito entre otros.

Mientras la Plaza Francia se consolidaba nuevamente como lugar de encuentro y esparcimiento para nuevos sectores de la sociedad, más jóvenes y menos aristocráticos que los que antes habían privilegiado la Recoleta, el asilo de anciano continuaba su proceso de deterioro, como lo documenta una serie fotográfica de 1969, realizada por Diana Frey.[11]

Terraza del CCR, fragmentos de un pabellón demolido y Puente del Reloj.

Centro Cultural Recoleta

La segunda gran remodelación ocurriría casi un siglo después, en 1979. Argentina era gobernada por una dictadura militar y el intendente de facto Osvaldo Cacciatore impulsó un pretencioso proyecto para transformar el viejo asilo en el nuevo Centro Cultural Ciudad de Buenos Aires, adonde se instalarían en una sede única: el Museo del Cine, el Museo de Arte Moderno y el Museo de Artes Plásticas, además de alojar a parte de la colección del Museo de Arte Hispanoamericano.

La obra fue proyectada por los prestigiosos arquitectos y artistas plásticos Clorindo Testa, Jacques Bedel y Luis Benedit, mientras los ocupantes del asilo eran trasladados a la localidad de Ituzaingó y al Asilo Rawson. Aunque Cacciatore propuso mantener en las reformas el estilo clásico de los antiguos edificios, los arquitectos eligieron un lenguaje completamente contemporáneo para su obra, instalando escaleras metálicas junto a los viejos pasillos abovedados y demoliendo varios de los viejos pabellones diseñados por Buschiazzo hacía ya cien años.

El Centro Cultural se inauguró en diciembre de 1980, y fue durante la dirección de Osvaldo Giesso (1983-1989), ya de nuevo en democracia, que comenzó a crecer para desarrollarse plenamente, y cambiando su nombre por «Centro Cultural Recoleta» a partir de 1990. En el interior del CCR funciona el Museo de Ciencia Participativo «Prohibido no tocar», un lugar especialmente diseñado para jóvenes y niños donde la experiencia interactiva los acerca a los fenómenos físicos.

En un sector del edificio, cedido por la Municipalidad de Buenos Aires al volver a la democracia en 1983, funcionan las oficinas de Naciones Unidas y la Organización de Estados Americanos en la Argentina.

En 2001 se inauguró un nuevo y amplio espacio, la Sala Villa Villa, construida con 250 000 dólares donados por el grupo teatral De la Guarda, quien había debutado en 1995 en el mismo Centro Cultural Recoleta.[14]

Vista desde la Plaza Intendente Alvear. Se destaca el Auditorio El Aleph.

Buenos Aires Design Center

En 1990, se constituyó el Emprendimiento Recoleta S.A., con el objetivo de instalar un centro comercial y un centro de convenciones en parte del predio del Centro Cultural Recoleta. A la hora de diseñar la intervención, la firma eligió contratar nuevamente a Clorindo Testa, quien diez años antes había proyectado el centro cultural, y se hizo cargo del Buenos Aires Design Center, dotándolo de un espacio interior colorido y vibrante, y tomando la idea de aprovechar el antiguo paredón bajo la terraza del ex Asilo para excavar bajo la barranca, abrir una galería y construir el nuevo centro comercial debajo de la terraza del Centro Cultural Recoleta, sobre el nivel inferior de la plaza. Esto significó a su vez una remodelación para el centro cultural, ya que debió cerrar mientras se retiraba toda la tierra necesaria para el centro de compras que se instalaría debajo.[15]

Inaugurado en 1993, el Buenos Aires Design se dedica exclusivamente al diseño, cuenta con un patio de comidas que ocupa la galería excavada en el antiguo paredón y es sede de la sucursal porteña de Hard Rock Café desde 1997. Además, desde 2003 funciona en uno de los edificios diseñados por Testa, el Auditorio de Buenos Aires.[16]