Blasonamiento
English: Blazon

Formas de los escudos heráldicos españoles, portugueses, ingleses, franceses, italianos, suizos, alemanes, polacos y de damas y torneos

En heráldica, el blasonamiento, en su sentido más frecuente, es la acción de leer (describir), y aun descifrar las armas.

Esta lectura se ejecuta según un orden muy riguroso, que en principio y según unas armas dadas, debería corresponder un texto y sólo uno. Para las armas simples, la práctica confirma bastante bien este principio. En cambio, desde el momento en que las armas se complican, se pueden encontrar bastantes versiones sinónimas.

En su sentido más extendido, el blasonamiento describe el conjunto de armerías. En este caso, salvo el escudo obligatoriamente descrito primero, el orden de citación es más fluido.

Si el escudo acompañado de sus ornamentos, es la representación gráfica de las armerías, el blasonamiento es su representación verbal.

Nacidos de la práctica en los torneos, los heraldos (que darían su nombre a la heráldica) y de la necesidad de constituir verdaderos anuarios (los armoriales) con la doble función de recoger identidades y de depósito de exclusividad, en una época donde la ilustración, sobre todo en color es una empresa de larga duración, el blasonamiento se desarrolla como una verdadera lengua, con vocabulario y sintaxis, lleno de rigor y precisión, permitiendo describir rápidamente y sin ambigüedad los blasones más complejos.

La identidad heráldica, estando por mucho tiempo limitada a los elementos portados por el escudo, el blasonamiento se contenta frecuentemente con no describir más que aquello que estaba en el mismo ya que los ornamentos no tomaron importancia sino tardíamente y el blasonamiento completo busca integrarlos.

Constitución y blasonamiento

La constitución es el hecho de crear un blasón particular con todas sus características.

Las armas bien constituidas deben ser a la vez fáciles de blasonar (es decir de describir) y de componer (es decir de representar). Ellas deben también ser conforme a la estética heráldica general. Los tres criterios no conducen a juicios absolutos e inamovibles, sino a identificar, sino a identificar en qué peca una composición y sus vías de mejoramiento.

Descripciones lógicamente correctas, pueden llevar a representaciones ilegibles, principalmente cuando los detalles resultan muy pequeños. Se puede así imaginar un blasón "de vero reticulado de armiño y clavado del campo", todo es comprensible pero es imposible representarlo correctamente. Los detalles deben siempre mantenerse suficientemente completos para que su esmalte pueda ser representado por líneas en las representaciones grabadas.

Composiciones que no son posibles (o fáciles, o evidentes) de blasonar son también mal constituidas. Es el caso de numerosas "armas modernas" de países o de municipios, que integran en sus escudos imágenes, aun cuando son más estilizadas, que no están construidas siguiendo la lógica del blasón, sino una lógica de difusión publicitaria (ver las "armas" de Manaos en Brasil por ejemplo). Por estas razones las composiciones pueden, poco o mucho, presentar una analogía con los blasones (logotipos, banderas, letreros viales, timbres postales, etcétera) y son raramente legibles en términos heráldicos.

En fin, la constitución no debe alejarse demasiado del uso heráldico corriente y debe evitar, por ejemplo, inscribir divisas sobre el escudo mismo o componer cuadros demasiados complejos.

Blason liege.svg

Así, las armas de Lieja son bastante típicas de una heráldica tardía, que tiende a estar mal constituida. Sin embargo se pueden blasonar sin mucha dificultad: "De gules al perron alzado, soportado por tres leones en tres grados, montadas de una piña de pino, cimada de una cruz paté, el todo de oro, acompañada de una L y G mayúsculas de lo mismo". La mala constitución de estas armas lleva a dos tipos de defectos:

  • La descripción de la columna central es el objeto de una decena de diferenciaciones (leones, piña de pino, grados...), que son inteligibles sobre la figura en pequeña escala. Igualmente sobre un diseño a mayor escala, no es posible apreciar notablemente si la cruz (inicialmente a penas visible) es paté o no. Tales armas no son una figuración abstracta o simbólica sino una representación de un monumento particular (el perron leuco).
  • El añadido de letras en las armas es una práctica que los puristas reprueban en la heráldica porque no son legibles universalmente: la lectura de tal blasón ya no es directamente posible por un heraldista formado en el alfabeto cirílico (al igual que las letras cirílicas no serían legibles por un heraldo occidental). Sin embargo, esta práctica marginal es tolerada desde hace mucho tiempo.

Blasonamiento y especificación de las armerías

El heraldista no describe al mismo nivel de detalle dependiendo qué es lo que haga blasonar las armas o especificar o describir una representación particular de las armerías.

  • En el primer caso se trata de hacer el inventario de los detalles significativos que distinguen estas armas de aquellas pertenecientes a otros titulares. Es preferible, en una descripción tal, ser lo más general posible, respetando el espíritu heráldico, para que la anterioridad pueda ser invocada en todas las armas "casi" similares, que no se distinguirían sino por los detalles, por lo que el carácter significativo puede ser discutible. Para blasonar las armas se debe separar todo aquello que pueda parecer secundario o que pueda resultar un efecto de estilo: actitudes poco claras de los animales, disposiciones de muebles que puedan pasar por una posición por defecto, etc. La razón contra la cual se debe de prever es de las personas que escogerían "casi" las mismas armas, con un riesgo de confusión.
  • Por el contrario, para describir una representación particular, la misma lengua heráldica puede hacerse mucho más precisa e indicar toda suerte de irregularidades aparentes, soluciones finalmente seguidas o alternativas retenidas. La razón a evitar es aquella del cliente, que las armerías podrían no ser diseñadas a su gusto.

En la composición de un blasón, es normal seguir las prácticas estilísticas de tal o cual región, aun para satisfacer las indicaciones particulares del titular. Por el contrario, cuando se trata de describir el blasón correspondiente, el heraldista debe ejercer una censura fuerte y separar de su descripción todo eso que no forme parte de la naturaleza esencial de las armas sino a su representación particular. Es significativo que un león sea representado sin pelo en las patas, la cola fuera en lugar de adentro, levantada o entre las piernas, la cabeza volteada a la derecha o a la izquierda, la pata levantada o no. Cuando hay duda, es preferible mencionar esta originalidad cuando se trata de describir la representación, pero se debe rehusar el considerar como un signo significativo suficiente para distinguirla de las armas del vecino.

Lengua del blasón

El blasón (es decir la descripción de las armerías) utiliza un lenguaje heráldico técnico, convencional y preciso. Inicialmente hecho por los heraldos en lenguaje corriente de la época, la descripción heráldica se encontraba fijada en su sintaxis y su vocabulario. Lo que ha conducido a algunos a juzgar a la lengua heráldica ensombrecida de un cierto "manierismo" y en el culto de distinciones excesivas (jerga heráldica). Los términos raros describiendo armas antiguas con figuras extrañas pueden aparecer artificiales y condenables en armas de composición más reciente. Muchos se olvidan que esos términos eran los de los materiales de los que estaban compuestos los esmaltes, de donde derivan. Además, como en toda otra disciplina, debe existir un vocabulario "técnico" que no conduzca a ambigüedades o equívocos. Aprenderlos no supone mayor esfuerzo que el de cualquier otra materia, y la cantidad no es grande. Uno acepta los términos de electricidad, medicina, química sin ningún problema, y sin tildarlo de artificial o "snob".

La lengua heráldica sigue la regla llamada "de los 80-20": con un pequeño número de términos (una cincuentena, siendo menos del 20% del vocabulario especializado), se puede describir correctamente cerca del 80% de las armerías conocidas; un esfuerzo de algunas horas basta para aprender a blasonar correctamente las armas más corrientes. Las descripciones que figuran en los documentos antiguos utilizan evidentemente el vocabulario y las maneras de la época. Para dominar esta lengua heráldica, se debe conocer el significado de términos especializados o de variantes raras: nada permitirá a un lector moderno, aun si es razonablemente culto, adivinar en la lectura qué es "de sable a un águila de sinople encendida y armada de gules". Se puede pensar, dejando un poco el tema de lado, que no hay razón para expresarse de manera hermética, cuando parece también preciso e infinitamente más claro decir, de manera estrictamente equivalente, que las armas son "negras con un águila verde, con los ojos y las garras rojas". Esta aparente significación no hace más que complicar el lenguaje porque el empleo de "rojo" no dispensa conocer el más exacto "gules".