Batalla de Lérida (1938)

Batalla de Lérida
Guerra Civil Española
Servicio Nacional de Regiones Devastadas y Reparaciones al El Canyeret de Lleida.jpg
Edificios destruidos por los bombardeos en la zona de El Canyeret. Al fondo el cerro de la Seu Vella.
Fecha27 de marzo-3 de abril de 1938
LugarLérida, Cataluña (España)
ResultadoVictoria de las tropas franquistas
Beligerantes
13ª División franquista del Cuerpo de Ejército Marroquí.46ª División republicana del Ejército del Este.
Comandantes
General Fernando Barrón OrtizValentín González ‘’El Campesino”
Bajas
10%40%

La batalla de Lérida se enmarca en la ofensiva de Aragón de la Guerra Civil Española. Tuvo lugar entre el 27 de marzo y el 3 de abril de 1938 y acabó con la victoria del bando sublevado que tomó la ciudad de Lérida, que desde el principio de la guerra había permanecido bajo el control del bando republicano. Fue la primera localidad catalana importante tomada por las tropas franquistas ―y la única capital catalana que conquistaron con una batalla―,[1]​ oportunidad que el Generalísimo Francisco Franco aprovechó para firmar el 5 de abril el decreto de derogación del Estatuto de Autonomía de Cataluña de 1932. Sin embargo, las tropas franquistas no cruzaron el Segre para ocupar la pequeña parte de la ciudad situada en su margen izquierda por lo que hasta finales de diciembre de 1938, en que las tropas franquistas lanzaron la definitiva ofensiva de Cataluña, el río constituyó la línea divisoria entre los dos bandos. El otro lado del río sería definitivamente ocupado el 7 de enero de 1939.

Desarrollo

El 7 de marzo de 1938 el Generalísimo Franco ordenó una ofensiva desde Aragón en dirección al mar para aislar a Cataluña del resto de la zona republicana. Para ello desplegó cinco cuerpos de ejército ―«lo mejor del Ejército nacional», según Stanley G. Payne― comandado cada uno por los generales José Solchaga, José Moscardó, Antonio Aranda, José Enrique Varela y Juan Yagüe. Las tropas al mando de este último, el Cuerpo de Ejército Marroquí, [3]

Los cinco cuerpos de ejército, que formaban el Ejército del Norte al mando del general Fidel Dávila, sumaban veintiséis divisiones y un total de 110.000 hombres, incluyendo también el Corpo di Truppe Volontarie italiano. Frente al Ejército del Norte franquista se encontraba el Ejército del Este republicano al mando del general Sebastián Pozas que contaba con veintidós divisiones y 60.000 hombres. El cuartel general de Pozas estaba situado en la ciudad de Lérida.[6]

El 27 de marzo las tropas franquistas toman Masalcorreig, la primera localidad catalana ocupada por el bando sublevado[3]

Nada más producirse la entrada de las tropas franquistas en Cataluña el presidente de la Generalidad de Cataluña Lluís Companys pronunció un discurso en catalán en el que tras anunciar que «los ejércitos extranjeros están a las puertas de nuestra casa» hizo un llamamiento a los catalanes «a luchar, a trabajar y a resistir, porque resistir es el triunfo» y porque «no podríamos vivir sin libertad» ―si ganara el enemigo «nuestro idioma sería perseguido, nuestras instituciones escarnecidas, nuestra gente sometida, nuestras costumbres burladas»―.[9]

Fachada del Palacio de la Paeria donde se instaló el cuartel general de la 46ª División republicana al mando de Valentín González El Campesino.

Para hacer frente a las tropas franquistas al mando del general Yagüe el ejército republicano desplegó la 46ª División comandada por Valentín González ‘’El Campesino’’ con la misión de defender Lérida.[11]

A las cinco de la tarde del día 27 Lérida fue bombardeada por la aviación sublevada, especialmente por aparatos de la Legión Cóndor alemana, causando un número de víctimas difícil de determinar, pero se calcula que murieron unas cuatrocientas personas.[13]

Los jesuitas de Lérida en la «Memoria de la Casa» explicaron los efectos del bombardeo, dejando claro que el objetivo era desmoralizar a la población civil:[14]

Toda resistencia quedó rota ya el mismo día 27, domingo de tristes recuerdos para Lérida. Después de comer, unos 30 aparatos de bombardeo, con entero dominio del aire y sin ser hostilizados, se dedicaron a machacar la ciudad por espacio de dos horas. Los efectos fueron terribles; se habla de 400 bajas; sólo en las cercanías de nuestra Casa, a la vista se pueden contar ocho edificios destruidos, en algunos de los cuales murieron familias enteras. (…) Quedan todavía muchos [cadáveres] sin desenterrar porque es un suicidio acercarse a los edificios destruidos con vigas colgantes que se sostienen como de milagro. Es un espectáculo triste el que ofrece la mejor calle de Lérida casi toda en ruinas, el grupo escolar de la Normal, el edificio de las Hermanitas de los Pobres, el colegio de la Enseñanza, el Liceo escolar, la casa de Correos y Telégrafos, inaugurada hace pocos años…

Tras los bombardeos, según la "Memoria" de los jesuitas, «Lérida quedó poco menos que desierta; no llegarían a dos mil los habitantes civiles».[16]

El día 31 comenzó el ataque de las tropas franquistas al perímetro defensivo alrededor de Lérida establecido por El Campesino, produciéndose durante ese día y los dos siguientes violentos enfrentamientos, en los que también intervino la artillería y la aviación. El día 2 las tropas de Yagüe tomaban el estratégico cerro del Gardeny y al día siguiente los combates ya se produjeron en el núcleo urbano, luchándose calle por calle y casa por casa. Hacia las cinco de la tarde las tropas atacantes ya controlaban la estación del ferrocarril y el cerro de la Seu Vella.[22]

En el día de hoy [3 de abril], el Cuerpo de Ejército marroquí ocupó primero el Castillo de Lérida, la estación y la parte alta de la población, y posteriormente toda ella quedando solamente pequeños núcleos de resistencia que se están reduciendo rápidamente.

El mismo 3 de abril por la tarde entraba en la ciudad el comandante en jefe de las fuerzas franquistas, el general Juan Yagüe, dirigiéndose a la delegación de la Generalitat de Cataluña en la localidad. Allí después de izar una bandera rojigualda se dirigió a los pocos leridanos que se encontraban frente al edificio para decirles: «Vengo en nombre del Caudillo a daros el Pan, la Paz y la Justicia».[23]

En su retirada las tropas republicanas incendiaron varios edificios y volaron los dos puentes del Segre, tanto el de la carretera (el Pont Vell) como el del ferrocarril, impidiendo así que los atacantes cruzaran el río y se apoderaran de la pequeña parte de la ciudad de Lérida situada en la margen izquierda ―los barrios de Cappont y Bordeta donde se atrincheraron las fuerzas republicanas para detener el avance enemigo―.[25]

Según Stanley G. Payne, una de las claves del éxito de la ofensiva fue que los sublevados «conservaron el control del aire» y «la utilización de su poder aéreo táctico fue especialmente destructora y llevó el pánico a numerosas unidades republicanas».[26]

En cuanto al número de bajas se estima que la 13ª División franquista sufrió un 10% mientras que en la 46ª División republicana el número de bajas fue muy superior, alrededor de un 40%.[22]