Asesinatos de Kosteki y Santillán

Asesinatos de Kosteki y Santillán
Graffiti Rosario - Darío y Maxi.jpg
LugarEstación Darío Santillán y Maximiliano Kosteki, Buenos Aires, Argentina Bandera de Argentina
Coordenadas34°39′43″S 58°22′36″O / 34°39′43″S 58°22′36″O / -58.37663889
Blanco(s)Piqueteros del Movimiento de Trabajadores Desocupados
Fecha26 de junio de 2002 (hace 17 años, 4 meses y 19 días).
12:00 (UTC-3)
Arma(s)Escopeta Ithaca 37 calibre 12.70
Muertos2
Heridos33 con balas de plomo (13 de gravedad).
Perpetrador(es)Policía de la Provincia de Buenos Aires
Sospechoso(s)Alfredo Fanchiotti y Alejandro Acosta (condenados a cadena perpetua)[1]
MotivaciónGatillo fácil

El asesinato de Kosteki y Santillán, también conocido como masacre de Avellaneda, es el nombre que recibe la serie de eventos que tuvieron lugar el 26 de junio de 2002 en la localidad argentina de Avellaneda (Buenos Aires), en las inmediaciones la estación de tren local.

Antecedentes y situación social

Eduardo Duhalde, presidente interino durante los hechos.

Este evento se encuentra estrechamente relacionado con la crisis de diciembre de 2001, que provocó la renuncia del presidente Fernando de la Rúa. Debido a que el vicepresidente Carlos Álvarez había renunciado el 6 de octubre de 2000, la presidencia fue asumida por el presidente de la Cámara de Senadores, Ramón Puerta, quien ―actuando de acuerdo a la ley 20972 de acefalía presidencial[3]​ convocó a una asamblea legislativa para elegir un nuevo presidente. Resultó electo Adolfo Rodríguez Saá, quien solo permaneció en el cargo una semana. Rodríguez Saá fue sucedido por Eduardo Camaño y este por Eduardo Duhalde.

El 5 de enero de 2002, el Senado de la Nación aprobó un proyecto de ley que ordenaba la devaluación del peso argentino (por primera vez en diez años) con fines de mejorar la competitividad frente a los productos importados.[4]​ En un principio, esta medida agudizó la crisis y el peso llegó a perder un 75 % de su valor en 6 meses.[6]​ Durante ese año, las protestas, cacerolazos y cortes de ruta fueron frecuentes,[8]​ al igual que los hechos violentos o delictuosos, junto con la represión de parte de la policía.[9]​ Configurando una situación casi generalizada de anarquía, propiciada por una acusada brecha social.

Según datos oficiales del SIEMPRO (Sistema de Información, Evaluación y Monitoreo de Programas Sociales), un organismo que dependía de la Presidencia de la Nación, en mayo de 2002 el 51,4 % de la población (unas 18.2 millones de personas) se encontraban por debajo de la línea de pobreza y la cantidad de indigentes aumentó en los primeros cinco meses de ese año un 42,5 % (unas 7,8 millones de personas). La línea de pobreza se encontraba en ese mes en ganar menos de 626 pesos mensuales (unos 155 dólares) para una familia de cuatro integrantes, y la de indigencia en menos de 266 pesos (unos 66 dólares). Según el INDEC, en ese período la canasta básica de alimentos aumentó su valor un 35,7 %.[10]​ En el Gran Buenos Aires, se dio un aumento de 2500 pobres y 1625 indigentes por día, en el período entre mayo de 2000 y mayo de 2002.[11]

También se puede citar la evolución de las organizaciones piqueteras. El germen de los futuros movimientos fueron las protestas a la monopolización de los punteros por la distribución de los planes sociales, que rompieron con el clientelismo político.[12]​ La segunda etapa la constituyeron las primeras marchas de protesta y la tercera fue la organización definitiva de movimientos estables. Estas etapas se fueron sucediendo entre 1998 y el primer semestre de 2002. En la mayoría de estos movimientos existía la meritocracia basada en el esfuerzo individual dirigido al logro de las metas grupales. Tomando como ejemplo a la Corriente Clasista y Combativa que mantenía una lista con puntajes asignados sobre la base de logros «combativos» o de «organización». Este método estaba destinado a garantizar que sus miembros colaboraran en las marchas y asambleas y favorecían la toma de riesgos, llegado el momento.[13]