Artes decorativas

Mosaico: Pastoral celeste (c. 400-450), mausoleo de Gala Placidia, Rávena
Vidriera: Moisés en el monte Sinaí y Moisés ante el faraón (siglo XIII), catedral de Colonia
Forja: Reja de entrada a los pabellones Güell (1883-1887), de Antoni Gaudí
Tapiz: El oráculo de Decio Mus (c. 1650), tapiz de Jean Raes sobre un cartón de Peter Paul Rubens, Rubenshuis, Amberes

Se denomina artes decorativas a todas aquellas actividades relacionadas con el arte o la artesanía destinadas a producir objetos con una finalidad a la vez utilitaria y ornamental. Son por lo general obras realizadas con una elaboración industrial o artesanal pero persiguiendo una cierta finalidad estética. El concepto es sinónimo de las llamadas artes aplicadas o artes industriales, también llamadas a veces artes menores en contraposición a las artes mayores o bellas artes. En cierto sentido, las artes decorativas es un término aplicado preferentemente a las artes industriales, así como a la pintura y la escultura, cuando su objetivo no es el de generar una obra única y diferenciada, sino que buscan una finalidad decorativa y ornamental, con una producción generalmente seriada.[1]

Las artes decorativas incluyen procedimientos y técnicas como la cerámica, el mosaico, la ebanistería, la orfebrería, la glíptica, el esmalte, la taracea, la metalistería, el textil, la tapicería, la corioplastia o la vidriería. También a menudo engloba las artes gráficas (grabado) y la miniatura, así como algunas obras de arquitectura, pintura y escultura destinadas a la ornamentación y concebidas en serie, no como obras individuales.[2]

Las artes decorativas han estado presentes en mayor o menor medida en todos los períodos de la historia del arte en general, bien por solitario o bien en conjunción con otras artes, especialmente la arquitectura. En muchos casos han marcado de forma determinante algún período histórico, como el arte bizantino, el islámico o el gótico, de tal forma que no sería posible valorarlo adecuadamente sin la presencia de este tipo de realizaciones. En otros casos, especialmente el de culturas nómadas, es el único tipo de realización artística llevado a cabo por estos pueblos, como es el caso de los escitas o de los pueblos germánicos que invadieron el Imperio romano. En muchas culturas las artes decorativas han tenido un estatus similar al resto de las artes, como es el caso de la cerámica griega o la laca china. Cabe también valorar la estrecha relación entre las artes decorativas y la cultura popular, que a menudo ha tenido en este medio su principal vía de expresión.[3]

Concepto

Interior de estilo modernista de la casa Vicens (Barcelona, 1883-1888), de Antoni Gaudí

Este tipo de técnicas entra dentro del concepto de arte (del latín ars, artis, y este del griego τέχνη téchnē)[5]

La clasificación del arte ha tenido una evolución paralela al concepto mismo de arte: durante la antigüedad clásica se consideraba arte todo tipo de habilidad manual y destreza, de tipo racional y sujeta a reglas, por lo que entraban en esa denominación tanto las actuales bellas artes como la artesanía y las ciencias.[8]

Los términos «artes decorativas», «artes aplicadas», «artes industriales» o «artes menores» surgieron por oposición a las «bellas artes» o «artes mayores», aunque a menudo la frontera no está del todo clara.[10]

Cama con forma de carro triunfal a la romana (c. 1804-1830), caoba, chapa de palma de caoba, limonero de Ceilán, pino, roble y madera dorada y pintada, Museo del Diseño de Barcelona

Probablemente la separación entre artes mayores y menores vino de la distinción por parte de la crítica de arte de lo «bello» y lo «útil»: a lo primero se le concedió una categoría más elevada, pues parecía dirigirse más directamente al intelecto y/o el espíritu, mientras que lo segundo tenía una finalidad más práctica y mundana. Esta distinción no dejaba de ser subjetiva, puesto que una actividad como la arquitectura, englobada en las artes mayores, es ciertamente útil, mientras que muchas artes menores, aun siendo útiles, pueden ser bellas.[11]

Aunque las artes decorativas eran consideradas como un arte menor, desde el siglo XVIII adquirieron cierta autonomía y, desde entonces, se empezó a valorar más su aspecto estético frente al utilitario y numerosas de sus producciones fueron valoradas como obras de arte con una singularidad propia.[10]

El término «artes decorativas» se forjó en el tercer tercio del siglo XIX, principalmente como sustitución del término «artes menores», que resultaba peyorativo.[14]

Un factor decisivo en la nueva concienciación de las artes decorativas fue la publicación entre 1860 y 1863 del libro Der Stil in den technischen und tectonischen künsten der praktische Aestetik, de Gottfried Semper, donde prestaba una especial atención a las artes decorativas dentro de la historia del arte. Esta obra influyó en el historiador formalista Alois Riegl, quien en sus análisis de la historia del arte en función del estilo incluyó igualmente las artes decorativas. Para Riegl, quien fue conservador del Museo de Artes Decorativas de Viena, las técnicas usadas en la producción artística marcaban la evolución de las formas artísticas.[15]

Terminología

El ángel de la Resurrección (1904), vidriera de Louis Comfort Tiffany, First Presbyterian Church, Indianapolis

A las artes relacionadas con la decoración se les ha aplicado a lo largo de la historia numerosos términos más o menos sinónimos, que si bien pueden tener algunas diferencias de matiz en general expresan el mismo concepto:

  • Artes decorativas: el término incide en la finalidad decorativa de este tipo de artes, por cuanto su finalidad es la de ornamentar un espacio determinado, motivo este por el que se las considera especialmente ligadas a la arquitectura. En general se considera el término más adecuado y que otorga una mayor dignidad, prueba de ello es que la mayoría de museos dedicados a este tipo de obras suelen denominarse Museos de Artes Decorativas.[16]
  • Artes menores: surgió en confrontación con la idea de artes mayores o bellas artes (arquitectura, escultura y pintura), si bien resulta peyorativo y marca unas fronteras que no son reales, ya que la pintura y la escultura pueden ser consideradas en ciertos casos como artes decorativas.[17]
  • Artes útiles o utilitarias: este término pone énfasis en el aspecto práctico de este tipo de realizaciones, lo que minusvalora su componente estético, al tiempo que cabría discutir si la utilidad de algunas bellas artes como la arquitectura las rebajaría a este nivel.[18]
  • Artes funcionales: de forma análoga al anterior, se incide en el aspecto funcional de estas obras, lo que origina un debate similar, al que se puede añadir si las artes mayores no tienen también una función.[19]
  • Artes aplicadas: este término proviene de la relación entre este tipo de disciplinas artísticas y su producción de tipo artesanal o industrial, ya que por lo general son creadas mediante diversas técnicas y procedimientos especializados que necesitan una formación profesional o semiprofesional. Así, la mayoría de escuelas donde se aprenden estos oficios suelen denominarse Escuelas de Artes Aplicadas (o de Oficios Artísticos).[20]
  • Artes auxiliares: se incide aquí en el aspecto secundario de este tipo de disciplinas por cuanto sus producciones están destinadas a decorar las obras «mayores», preferentemente espacios arquitectónicos. Nuevamente es un término peyorativo y que no engloba todas estas realizaciones, que en muchos casos pueden tener una autonomía por sí mismas.[16]
  • Artesanía, oficios artísticos: en esta acepción se incide en el aspecto productivo de estas obras en cuanto a la profesionalidad de sus artífices, en la consideración de ser objetos hechos a mano, sin un proceso de fabricación mecánico. Buena parte de este concepto viene del movimiento Arts and Crafts (Artes y Oficios), surgido en el Reino Unido en el siglo XIX.[21]
  • Artes manuales: término poco empleado en general, incide en la manualidad de este tipo de obras, lo que excluye su producción mecánica en muchos casos.[21]
  • Artes industriales: en contraposición al anterior, se expresa aquí el proceso de mecanización y de producción fabril de muchas de estas obras, especialmente desde la Revolución Industrial. Cabría discutir aquí si este tipo de fabricación se hace en menoscabo del proceso creador del artista o es simplemente una herramienta que ayuda en su realización. Quizá propiamente solo sea aplicable a aquellas obras producidas en serie.[22]
  • Artes suntuarias: el término suntuario significa «perteneciente o relativo al lujo»,[23]​ por lo que se aplica preferentemente a aquellas artes decorativas realizadas con materiales preciosos (oro, plata, joyas).

Factores determinantes

Huevo de la Coronación imperial (1897), de Peter Carl Fabergé, Museo Fabergé, San Petersburgo

En la génesis de las obras de arte decorativas intervienen diversos factores. El primero a tener en cuenta es su artífice y la consideración del mismo como artesano o como artista. Dejando aparte el hecho de que muchos artistas (pintores, escultores) han realizado este tipo de obras como complemento a su actividad principal, la mayoría de artífices que trabajan en este terreno lo hacen como oficio, tras unos años de aprendizaje en un taller, gremio o escuela. Así, por lo general, se les considera artesanos, aunque hay que tener en cuenta diversos matices: decía Horst Waldemar Janson que un artista es un «creador» y un artesano un «hacedor»;[27]

De entre estos artífices se suelen considerar tres tipos (según René Huyghe): «artesanos de tradición», que ejercen su oficio con unos conocimientos transmitidos por generaciones —generalmente dentro de una misma familia—, con innovaciones y aportaciones individuales pero dentro de una misma línea (aquí se engloban la mayoría de artífices hasta el siglo XIX); «artesanos de arte», los que no proceden de una tradición sino que ejercen esta actividad de forma voluntaria y con una formación propia (generalmente ya en el siglo XX); y «artesanos ejecutantes», que designaría a aquellos operarios que se limitan a ejercer su oficio, sin mediar ningún acto creador.[28]

Plato de porcelana de Vincennes (1749-1753), Museo de las Artes Decorativas de París

Otros elementos a tener en cuenta son:

  • Tipo de obras: un primer factor a tener en cuenta es la función y destino de la obra, si es religiosa o laica, culta o popular, si es para un domicilio, una empresa, un palacio o cualquier otra finalidad.[29]
  • Técnicas y materiales: cada disciplina artística cuenta con unas determinadas técnicas y materiales de confección, los cuales deben ser considerados para el resultado final en función del objeto que se desee crear. Muchos de estos elementos son determinantes de una época o estilo determinados, por lo que ayudan a su estudio y clasificación.[30]
  • Forma: la forma marca el ritmo de volúmenes y proporciones de un determinado espacio, especialmente en piezas exentas. Por otro lado, la forma expresa la función del objeto y sus características temporales, por lo que es un reflejo del estilo y el marco histórico y social en el que ha sido creado.[31]
  • Sistema decorativo: establece el tipo de motivo ornamental de una pieza y la forma en que ese motivo encaja dentro de la composición de la misma. Los tres principales motivos ornamentales son: geométrico, epigráfico y naturalista (vegetal, animal, humano o paisajístico), que pueden presentarse tanto aislados como combinados entre ellos. En función de su composición se generan diversos lenguajes expresivos, como el naturalista, si se inspira en la realidad de la naturaleza visible; o el estilizado, si hace una reinterpretación subjetiva de la realidad. También dentro de la composición debe tenerse en cuenta si la ornamentación se ciñe a un determinado espacio de la obra o la cubre por completo (el llamado horror vacui). Dentro de este espacio los motivos ornamentales pueden hacerse por repetición, por alternancia, en forma simétrica o por inversión.[32]
  • Color y luz: en el aspecto estético y formal de la obra de arte decorativa son determinantes el color y la luz, que influyen en la forma del objeto, en el material y en diversas cualidades como la solidez, la refracción, la transparencia u opacidad, el reflejo, la textura, el relieve o los juegos de luces y sombras. También, aparte de sus cualidades físicas, pueden expresar un determinado simbolismo, ya que a menudo los colores se asocian a determinados conceptos religiosos o culturales, mientras que la luz se asocia a menudo con la divinidad y la revelación. [37]
  • Ritmo y equilibrio: las artes decorativas tienen como finalidad la ornamentación de un espacio, lo que generalmente se consigue con la conjunción de diversos elementos. Por ello, un factor a tener en cuenta es la armonía entre todas las piezas de un determinado espacio, el equilibrio de conjunto y el ritmo espacial en que se circunscriben. Esta armonización de elementos expresa por otro lado conceptos inherentes a una determinada época, como la moda o el estilo, las costumbres o el pensamiento de una sociedad.[38]
  • Relación espacial: la mayoría de obras de arte decorativas (menos las exentas) están pensadas para un determinado espacio, lo que influye en su concepción y realización. En la valoración de este tipo de obras debe considerarse si se encuentran en su emplazamiento original o no; una de estas obras expuesta en un museo puede ser valorada por sus cualidades intrínsecas, pero al perder su función original pierden parte de su significado.[39]
  • Economía, sociedad y moda: toda obra de arte es reflejo de un momento histórico y social determinado, lo que supone un condicionante en su génesis productiva. En la elaboración de estos objetos pueden ser determinantes los factores económicos que marquen su productividad, los condicionantes sociales que determinen su función o los aspectos de moda y estilo que condicionen su forma y aspecto. Estos condicionantes externos se unen a otros internos, como la técnica, para determinar el proceso productivo de estas realizaciones.[40]
  • Influencias entre las artes: las distintas modalidades artísticas —tanto mayores como menores— se influyen entre sí, al igual que los artistas. Estas influencias se transmiten igualmente en el tiempo, lo que se denota en la sucesión de períodos de marcado acento clasicista con otros de gusto barroco. Generalmente se ha percibido más el influjo de las artes mayores sobre las menores, pero en ocasiones también ha sucedido al contrario, como la influencia de las artes decorativas islámicas en la escultura románica española, del grabado en la pintura del Barroco o de la decoración rococó en la arquitectura del siglo XVIII en Francia y Alemania.[41]