Anexo:Monarcas consortes de Navarra

Escultura de la reina Leonor de Trastámara (fotografía girada 90º) (consorte de Carlos III) en la catedral de Pamplona.
Margarita de Angulema (1492–1549), reina de Navarra y duquesa de Alenzón.

A continuación se muestra la lista de aquellos hombres y mujeres que han sido monarcas consortes (y de jure uxoris) del reino de Navarra. Ya que las leyes de Navarra no prohibían a las mujeres heredar la corona, en ciertas ocasiones, el reino fue heredado o transmitido a través de las herederas. Así, mientras la mayor parte de los consortes reales fueron mujeres, que tuvieron el título de reina consorte, varios fueron hombres, quienes por sus matrimonios tuvieron el título de rey, y a quienes se les daba trato real en las listas de los reyes y reinas soberanos.

La mayor parte de estos hombres, aunque obtenían el poder a través del matrimonio más que a través de la herencia, a pesar de todo fueron significativos o dominantes en sus matrimonios y el gobierno del país; de hecho, un rey por matrimonio, Juan II de Navarra (quien más tarde en su vida se convertiría también Juan II de Aragón por derecho propio), esposo de Blanca I de Navarra, rechazaron entregar la corona tras la muerte de ella a su hijo, Carlos de Viana, el heredero por derecho propio al reino, en lugar de reetener el poder para sí mismo.

Las dinastías no corresponden a los consortes y reyes de jure uxoris citados, sino a los reyes por derecho propio (por ejemplo, Isabel de Portugal se encuentra en la sección dinastía Austria, la dinastía de su cónyuge, Carlos I de España, y no en una sección denominada dinastía Avís, como correspondería a su linaje)

Vicisitudes de la corona

Entre 1285 y 1328, las coronas de Navarra y Francia se unieron por el matrimonio de Juana I de Navarra, reina soberana de Navarra y reina consorte de Francia, con el rey Felipe IV de Francia (quien se convirtió en rey por matrimonio de Navarra), y por la sucesión de tres hijos, Luis I/X, Felipe II/V, y Carlos I/IV. Así, las esposas de estos tres reyes fueron reinas consorte tanto de Francia como de Navarra. Sin embargo, la herencia de Navarra por Felipe II/V y Carlos I/IV tras la muerte de Luis I/X, y su hijo Juan I, iba, estrictamente hablando, contra las leyes de Navarra: ese reino no empleaba la ley sálica, significando que el reino tendría que haber pasado a Juana, heredera de Luis, más que a Felipe, el heredero masculino más próximo de Juan I. Sin embargo, Juana era una niña muy pequeña, y sus tíos eran de sangre navarra, por lo que a ella se le negaron los derechos sucesorios hasta la muerte de Carlos en 1328, momento en el que la línea masculina de Juan I terminó, y se le permitió entonces a Juana heredar Navarra. Su esposo, Felipe de Évreux, se convirtió así en el rey Felipe III de Navarra.

Posteriormente, se terminó la línea masculina gobernante en diversos momentos, de manera que el trono pasó a otras familias. En la mayor parte de los casos, el comienzo de una nueva dinastía en Navarra fue precedida por el hecho de que el padre del nuevo monarca había sido consorte de la reina anterior. La excepción fue la familia de Foix, ninguno de los cuales sirvieron como consortes de Navarra (debido a la muerte del conde Gastón IV de Foix antes de que su esposa heredara).

En 1512–13, la Alta Navarra, la porción del reino debajo de los Pirineos y la porción independiente del reino del que la corona derivaba, fue ocupada por fuerzas españolas con Fernando el Católico, el hijo de Juan II, y esposo de Germana de Foix (una heredera de Navarra), expulsando al rey y la reina, Juan III y Catalina I. Fernando fue proclamado allí rey de Navarra por las cortes; su esposa se convirtió en reina consorte del reino, y posteriormente las reinas consortes de Navarra de facto son las mismas que las reinas consortes de España. Juan y Catalina mantuvieron sus pretensiones a Navarra, que fueron heredadas por sus sucesores, y su línea continuó usando los títulos de Rey y Reina de Navarra; sin embargo, todo lo que les quedaba eran las tierras feudales que tenían de la corona francesa, y dejaron de ser monarcas fuera de ese derecho.

El cambio dinástico final se produjo con el matrimonio de Juana III con Antonio de Borbón, heredero del trono francés, y la posterior sucesión al trono de su hijo, Enrique III. Posteriormente se convirtió en rey de Francia como Enrique IV, y las reinas consortes de Francia y Navarra de nuevo fueron la misma persona. Sin embargo, la corona de Navarra y sus tierras fueron fusionadas con la corona de Francia en 1620, y posteriormente las reinas consortes de Francia, aunque honoríficamente aún reinas de Navarra, dejaron de serlo en ningún sentido verdadero.